viernes, 7 de octubre de 2011

Sanatorio bajo la clepsidra, de Bruno Schulz (el relato).

Se trata de un relato perteneciente al volumen de relatos con el mismo título de este extraordinario prosista-poeta-dibujante polaco asesinado por los nazis en el ghetto de Drohobycz en 1942.
El narrador llega en tren a la ciudad donde se encuentra su padre ingresado en un hospital.
"El tren se detenía con los últimos halos del vapor si hacer ruido, sin traquetear, como si la vida le abandonase poco a poco."
La situación de su padre es crítica. De hecho está clínicamente muerto ("vive dentro de los límites condicionados por la situación"). El revolucionario sistema terapéutico del doctor Gotard convierte al paciente en una especie de recuerdo humano, manteniéndolo ilusoriamente con vida.
"Todo el truco consiste  -añadió dispuesto a presentar el funcionamiento del mecanismo con las manos- en que hicimos retroceder el tiempo. Nos retrasamos hasta un intervalo cuya duración es imposible de determinar. La cuestión conduce  a un simple relativismo. La muerte que alcanzó a su padre en su país, aquí no ha llegado todavía."
El hospital parece desierto, una enfermera le hace esperar pero el doctor no se presenta, el protagonista encuentra la cafetería y allí está punto de comer unos dulces cuando le interrumpen ("Sentía un enorme apetito y, sobre todo, se me hacía la boca agua con una especie de pastel crujiente con mermelada de manzana"). Al entrar en la habitación ve a su padre durmiendo. Se tumba a descansar un poco y se queda también dormido.
Su padre le contará dónde ha puesto la nueva tienda, en un lugar que debía reconocer el narrador pero que igualmente resulta imposible que lo reconozca pues nunca ha estado en esa ciudad.
"Las aceras estaban vacías. El fúnebre y tardío resplandor de una época indefinida neviscaba del cielo grisáceo. Leía con facilidad los rótulos de letreros y carteles y, no obstante, no me habría sorprendido si alguien me hubiese dicho que había llegado la noche... Sólo algunas tiendas abrían."
En la tienda su padre le da una carta -comprometedora-: "Algunos días antes había escrito a una librería sobre alguna obra pornográfica y ahora me la enviaban aquí: habían encontrado mi dirección o, mejor, la de mi padre, quien, no obstante, acababa de abrir una tienda sin letrero ni anuncio".
En el hospital todos duermen a todas horas:
"Así se vive en esta ciudad y así pasa el tiempo. La mayor parte del día se duerme y no solamente en la cama. En cualquier día y a cualquier hora cualquiera uno está dispuesto a echarse una sabrosa cabezadita."
Su padre está a la vez en el hospital y en la tienda ("En la tienda, mi padre desarrolla una animada actividad: lleva transacciones y moviliza su oratoria para convencer a los clientes.").
No parece haber ninguna actividad hospitalaria en el hospital: "A veces, me gustaría abrir de par en par esas puertas y dejarlas así, para desenmascarar la deshonesta intriga que nos envuelve."
Nos acordamos de La montaña mágica (1924) de Thomas Mann y de Corazones cicatrizados de Max Blecher (publicado antes de 1938).
Al protagonista le asalta la duda acerca de la legitimidad del tratamiento del doctor Gotard: "No es de extrañar  que sea, de algún modo, un tiempo vomitado -entendámonos bien-,  un tiempo de segunda mano. ¡Por Dios...!".
Episodio extraño: fábula -sin moraleja- fantástica -seudo mitológica- con un falso hombre con cabeza de perro: "Pero después de escucharme, su cara adquiere una expresión de terrible ferocidad y rápidamente guardo mi cartera."
El narrador abandona finalmente el hospital  "Qué suerte que mi padre ya no viva de verdad".
"Desde aquel momento viajo, no dejo de viajar, y de algún modo elijo como domicilio el ferrocarril, donde se me tolera cuando vagabundeo por los vagones."
El cuento está ilustrado por los magníficos dibujos del propio Schulz (hasta 12 en total).
Análisis.
Después de este somero -e incompleto, e injusto con la profundidad y la imaginación de las que está dotado el texto- repaso por la trama del relato pasemos a su análisis. Lo haremos con la novedosa -e incongruente y demencial- forma de plantearnos cuestiones más o menos evidentes tras la lectura del texto.
Primera pregunta: ¿Qué nos quiere decir Bruno Schulz con este maravilloso cuento  kafkiano-onírico-poético?
Primera respuesta: Ni idea, pero le quedó muy bien.
Segunda pregunta: ¿Es el narrador Bruno Schulz?
Segunda respuesta: Sí, está claro, es él, lo reconocí en los dibujos.
Tercera pregunta: ¿Podríamos incluir este relato en la misma naturaleza discursivo-fantástica-metamorfósica que el resto de su obra -resto de cuentos en Sanatorio bajo la clepsidra y de las Tiendas de color canela, cuentos largos como La primavera o menores como Dodó y Edzio, por ejemplo?
Tercera respuesta: No, evidentemente no. Este relato sobresale de los demás por su narrativa lineal, su extraordinaria fabulación anárquica y su planteamiento extraterrenal (desmarcándose de la factura autobiográfica del resto, además, en éste ¡el padre no se cree un crustáceo!).
Cuarta y última pregunta: ¿Es acaso el mejor relato de Bruno Schulz?
Cuarta y última respuesta: Desde el punto de vista estético podríamos calificar La primavera como el mejor relato de Bruno Schulz, sin embargo, desde el punto de vista creativo pienso que Sanatorio bajo la clepsidra es el mejor relato de Bruno Schulz, incluso yo diría aún más, es el MEJOR RELATO DE TODOS LOS TIEMPOS.
He dicho (y sin temor a estar equivocado).
Pasen ustedes un buen día.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Watten. Un legado, de Thomas Bernhard.

Watten. Ein NachlaB. (1969)
75 páginas.
Prolegómenos.
Ya en las primeras páginas de este relato se ponen las cartas encima de la mesa: la muerte de un tutor; -una herencia -los terrenos de Ölling- compartida con un familiar (en este caso un primo); una donación a los ex-presidiarios (a través del matemático Undt); un trabajo intelectual: sobre la nefritis crónica-subcrónica (morbus Brightii); un aislamiento (en la barraca); una obviedad: (no) jugar al Watten.
El carretero.
El carretero va a la barraca del doctor para convencerle de ir a jugar al Watten, como cada miércoles.
Antecedentes familiares: el padre del carretero era carnicero pero como al carretero le daba asco la sangre animal su padre vendió el negocio y compró uno de carretas.
El doctor -narrador-: Antecedentes: tenía una clínica pero se la cerraron por sospechas de uso indebido de morfina. Algo había de eso pero ellos no tuvieron en cuenta que aniquilaban a la persona, inhabilitaban al doctor, aniquilaban a la persona.
Persistente.
Me dije, voy a contar cuántas veces le pide el carretero al narrador que vaya a jugar al Watten y cuantas veces contesta el doctor que no irá a jugar al Watten, nunca más.
Desorden.
El narrador pretexta tener que ordenar unos papeles cada vez que el carretero se llega a la barraca para invitarle a ir a jugar al Watten. Pero, claro, el desorden es cada vez mayor.
Siller.
Siller era el papelero, participaba cada día en el juego del Watten hasta que se ahorcó. Ahora hay que sustituir al doctor y al carretero en la partida de watten.
Balnearios.
El doctor fue a un balneario, Bad Hall, para mejorarse de su enfermedad pero a la vuelta del balneario estaba ya peor que antes de ir al balneario. Los cementerios de los balnearios más pequeños están atestados. "Mire usted, también los balnearios son totalmente absurdos, le digo al carretero. Un balneario como Bad Hall es totalmente inútil."
Por qué no puede jugar ya al watten.
Es evidente que el doctor no puede ir ya a jugar al watten. A causa de la muerte de Siller no puede ir a jugar al watten ya pero independientemente de la muerte de Siller tampoco puede ir ya a jugar al watten.
- Reflexión sobre hebillas grandes, y lo moderno se rompe.
Dos muertos.
El papelero y Siller y el maestro. El narrador siempre pensó que el maestro tenía una personalidad tendente al suicidio, pero nunca hubiera pensado eso de Siller. Al final Siller se ahorcó en el bosque y el maestro murió de un accidente, el mismo día, cuando se dirigían a jugar al watten. Fueron a jugar al watten y entonces casi mueren todos.
El viajante.
El carretero decide contar la historia del viajante. El viajante había encontrado el cuerpo ahorcado de Siller. Meses después contaba aquella historia a esa gente aún impactada por el hecho.
No insista.
"Si  fuera otra vez a jugar al watten, le digo al carretero, todo n o sería más que una extravagancia elemental y nada más que tristeza, que en el fondo no es más que miseria, que no es, más o menos, más que locura."
"Mientras el carretero me hablaba del viajante, estimado señor, el carretero tenía la impresión de que no lo escuchaba en absoluto, pero de repente comprobó que, aunque ordenaba mis papeles o, por lo menos, hacía como si ordenara mis papeles, escuchaba con la máximo atención,..."
Vamos a ver, el viajante -el narrador odia a los viajantes porque siempre encuentran cadáveres-, salió de su habitación en plena noche para combatir el insomnio, entonces se encontró el cuerpo ahorcado de Siller, el papelero, todos creían que Siller se había ahogado en el Traum pero en realidad Siller se había ahorcado en el bosque, a los 7 días se encontró el viajante a Siller en el bosque, claro , había que sustituir al papelero Siller y al maestro en la mesa de watten.
Dudas.
El viajante dudó, al encontrar el cadáver de Siller en si comunicar el descubrimiento del cadáver de Siller o no comunicar el descubrimiento del cadáver de Siller y así ahorrarse todos los inconvenientes que conllevarían la comunicación del descubrimiento del cadáver de Siller, sin duda unos grandes inconvenientes con suspicacias, sospechas y preguntas por parte de la policía.
Qué es el watten.
Es un juego de cartas típico del Tirol.
Siller, el suicida.
Que Siller, el papelero salió para ir a jugar al watten, después de haber planeado un viaje con su mujer para los días siguientes, y que se dirigió al bosque sin ropa de abrigo y descalzo es un hecho bien conocido y constatable. Que el viajante encontrara a Siller, el papelero, ahorcado en medio del bosque, es otro hecho que debemos creernos a pies juntillas. Las incógnitas surgen a la hora de encontrar los motivos por los cuales Siller, el papelero, se ahorcó ese día en el que se suponía que se dirigía, a través del bosque, a jugar al watten, el mismo día incluso que el maestro se dirigía a jugar al watten igualmente a la posada del Racher, en un lugar inhóspito, y encontraba la muerte cayendo al Traum.
Que primero se buscó a Siller en el Traum sin encontrarlo realmente se sabe, que Siller fue encontrado fortuitamente por el viajante también se sabe.
El carretero es persistente -ya lo escribí-, invita una vez más al doctor a ir a jugar al watten. El doctor fue denunciado por un compañero -un temblor de manos lo delató-. El doctor pasaba consulta gratuitamente pero también tenía un pequeño problema con la morfina. La administración cerró su consulta y lo aniquiló como ser humano, igualmente como doctor.
La llamada habitación de los libros.
La habitación de los libros era llamada por el doctor "la llamada habitación de los libros", y en ningún caso la habitación de los libros directamente.
- La historia de los dos grajos -esqueletos, lucha de grajos-. ¿Un sueño?
Pesquisas.
Después de terminar de leer Watten de Thomas Bernhard realicé algunas llamadas, a la jefatura de policía de Innsbruck, a la posada del Racher, y a la mujer de Siller, señora de Siller. La intención de estas llamadas era sobre todo la de esclarecer algunas cuestiones que me preocupaban:
1- Cuando Siller salió descalzo de casa hacia el bosque para ir a jugar al watten al Racher, ¿sabía ya que se iba a suicidar?
2- Si esto era así, ¿por qué se marchó descalzo, con el frío que pasarían los pies colgando en el aire, en medio del bosque, durante ¡siete días con sus noches!?
3- Si Siller se ahorcó sin ayuda alguna en medio del bosque mientras se dirigía al bosque, presa sin duda de un ataque de deseos suicidas irrefrenables, ¿con qué se colgó? es decir, ¿de dónde sacó la soga? ¿acaso la construyó allí mismo en medio del bosque? ¿la llevaba oculta bajo la ropa, que no era de abrigo precisamente?
Teoría del suicida.
Ya en obras anteriores nos hemos encontrado con esta idea de Bernhard: quien piensa en el suicidio está a salvo del suicidio, paradójicamente, pensar en el suicidio una y otra vez abre la mente a la posibilidad de la salvación, pensar en la aniquilación es salvaguardar la integridad propia, así Siller pudo no haber pensado nunca en el suicidio, así cuando le asaltó la idea primordial de la autodestrucción no supo cómo afrontarla y sucumbió al suicidio -ahorcamiento-. El maestro, una persona de personalidad suicida debió haber pensado mucho en el suicidio, era por ello que estaba a salvo del suicidio, sin embargo murió en un accidente.
Los estudios del doctor.
Son numerosos, son estudios médico-filosóficos. Todos los papeles van a ser quemados por el propio doctor.

No digo más.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Ungenach, de Thomas Bernhard.

Si tuviésemos que hacer una síntesis GENERAL de la obra de Bernhard diríamos básicamente:
un tipo se va a escribir un trabajo intelectual a una -vasta- propiedad -que lo aniquila-, alguien se suicida, todo es mortal.
Vayamos al grano, como diría el notario de Ungenach, es un relato breve que data de 1968 y que preludia los grandes clásicos del escritor austríaco.
Sinopsis.
Robert Zoiss ha heredado todas las propiedades de su familia. Su hermanastro ha muerto y ahora que su tutor también la ha palmado Zoiss, que vive en Stanford impartiendo clases, ha regresado a Austria para poner en orden el legado de su familia, realizando una donación que compete a un gran número de personas, varios presidiarios entre ellos. Luego la voz de su hermano Karl -asesinado en África- toma el relevo de la narración.
Juan Benet y Thomas Bernhard.
Ya está Kovalski con sus paranoias. No, no y no, sé lo que digo. Después de Amras me dije, qué puedo leer, demonios, luego me dije, leeré Ungenach, sí, lo tuve tan claro como el agua cristalina, Ungenach debía ser lo siguiente, no había otra posibillidad realmente, ni de otro autor y otra obra de ese autor, Ungenach era lo único que podía continuar en mi vida, tras Amras y Corrección.
Comienzo de Ungenach.
"... en la noche del 3 al 4 , camino de Zúrich, desde donde volveré en avión a los Estados Unidos, en dirección a casa de mi tío Zumbusch en Chur, en donde quería descansar unos días."
Una meditación, de Juan Benet: Cogí este libro de Benet el otro día, no sé por qué lo cogí, acababa de leer Amras y me dije, leeré algo de Benet, necesito leer algo de Benet, para alcanzar la aniquilación total, después de Bernhard pocos escritores soportan una lectura, no sabía si Benet lo conseguiría, yo creía que sí, entonces empecé a leer aquella historia de aquel suizo que se casaba con una de las tías del narrador, un suizo, maderero, que provenía de la ciudad suiza de Chur. Entonces recordé que Benet había sido muy amigo de Javier Marías, y que Marías era un devoto de Bernhard y que quizás esa devoción se la había inculcado su amigo y maestro Juan Benet, nada era absurdo, todo encajaba, quizás Benet había leído Ungenach y de alguna forma quiso dejar caer una pequeña alusión, una alusión que nadie captaría, quizás muy poca gente, pues Bernhard no era lo conocido que es hoy en día cuando apareció Una meditación (1970) -más bien nadie conocía a Bernhard fuera de Austria, Alemania quizás-. Curiosamente se cita a Bernhard en alguna ocasión con motivo de esta novela de Benet, la primera en la literatura española sin un punto y aparte, y se añade que probablemente Benet no conociera a Bernhard.  Yo no sé si lo conocía o no, ni si había leído Ungenach pero la coincidencia de un maderero de Chur me resulta sospechosa.
El notario Moro.
Este tipo me parte.
Personas que participarán de mi donación.
Papeles de Karl.
Volver o no a África: "Realmente la verdad es que no puedo darme a mí mismo ninguna explicación de por qué, de pronto, no vuelvo ya  África."
Lo que dice Miguel Sáenz en el prólogo de Relatos:
"A Bernhard, a quien durante toda su vida le preocupó, con tenacidad aldeana, la adquisición de propiedades, lo fascinaba la dispersión de esas propiedades a manos de los herederos."
Realización versus destrucción.
"La realización es al fin y al cabo la destrucción de la realización."
Entierro de mi padre. Pabellón de caza. Cadáver expuesto.
Este tema le gusta mucho a Bernhard y lo explotará tanto en el guión para la película de Radax El italiano como en la impresionante Extinción.
Música y felicidad.
"...escucho las suites for Harpsicord de Händel, interpretadas por Cristopher Wood, y soy feliz."
Odio de madrastra.
En una extensa epístola Karl da cuenta de su verdadera aversión hacia su madrastra: "En esos años de tu impulso destructivo, dos o tres después de la muerte de mi madre, conseguiste hacer de Ungenach, el lugar de la generosidad y de la humanidad y de la cultura y del mejor señorío, de acuerdo con la evolución general, debo decir, nada más  que una devastación y destrucción de la naturaleza y del espíritu,un infierno del mal gusto...".
Este odio se verá reproducido -amplificado- en la figura de Roithamer en Corrección, de 1974.
No es el único punto en común con Corrección, también están los estudios genéticos y una propiedad que aniquila a sus propietarios (Ungenach, Altensam).
Un problema matemático.
En una carta al físico Renner en Vaduz, Walter intenta averiguar qué problema matemático comentaron él y su padre en una excursión desde Sitten a Leukerbad: "¿qué hay de ese enigma matemático que, como me consta, preocupó a mi padre hasta el final de su vida?" (Esta carta nunca fue enviada).
Analizando.
Analizar Ungenach no era fácil, era incluso IMPOSIBLE. Como todo Bernhard cualquier interpretación tendía al fracaso. Ungenach es una síntesis de toda la obra de Thomas Bernhard. La infancia como el origen de la muerte, la propiedad familiar que aniquila a sus integrantes (Amras, La calera, Altensam,...), un exiliado  que regresa con motivo del reparto de la herencia, una donación -demencialmente generosa-, un pabellón de caza donde reposa el cadáver del padre (Extinción, El italiano), la lucha contra la naturaleza, etc... Quizás aún no ha fructificado convenientemente la idea del trabajo intelectual como único y decisivo proyecto vital. Hay escarceos intelectuales, en las ciencias naturales (Corrección, Amras), con el oído (anticipándose a La calera) -su padre había perdido la vista pero "Prescindiendo de todos los médicos consiguió verlo todo más intensamente, si bien en realidad no veía absolutamente nada ya, por medio del oído"-, estudios genéticos,... (Sí, Corrección). Me dije entonces, para qué analizar Ungenach, Ungenach nos analizaba realmente a los demás y no nosotros a Ungenach, es Ungenach el que nos aniquila y  no nosotros a Ungenach, Ungenach fue escrito para salvar de la aniquilación y en realidad se convirtió en un instrumento aniquilador, gran escrito Ungenach, gran obra menor.
Pasajes: Naturaleza, Robert Walser, muerte, manías intelectuales.
"Tribunal de la Naturaleza.
Mi vida como desviación consecuente de mi vida.
Predilección por la comedia: miedo mortal."
"Atakpame. Con Stirner. Conversación sobre Robert Walser."
"La causa de mi muerte está en mí mismo. Robert."
"Me afligía extraviarme en las manías intelectuales echadas a perder que hoy pueden observarse por todas partes, eso me repelía."
Reflexión.
Me dije, no puedo analizar a Bernhard, me resulta imposible analizar a Bernhard, no sé por qué siquiera intento analizar a Bernhard, una y otra vez, tan solo un apunte, me decía, un pequeño apunte, nada más, intentaba convencerme de mi inutilidad, no pretendo analizar a Bernhard, me engañaba a mí mismo, sólo quiero leer un poco de Bernhard y explicar algo, no todo, en realidad, no quiero realizar un profundo análisis de Bernhard, sólo algunos detalles, me decía, leía un poco a Bernhard y creía entenderlo todo, una frase se multiplicaba en mi cerebro en miles y pensaba, esto lo escribiré en el comentario, luego me sentaba a escribir y no había ya nada en mi cerebro, Bernhard se había volatilizado, toda esa basura intelectual en la que intentaba basar mi existencia se derrumbaba por momentos, y no significaba absolutamente nada.


Próximamente: WATTEN.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

AMRAS, de Thomas Bernhard

Relato ( o novela breve) de 1964.
Traducción de Miguel Sáenz.
112 páginas.
Sinopsis.
Dos hermanos adolescentes (Walter y el narrador) son encerrados por su tío en la torre de Amras a la muerte de sus padres (suicidados).
Ellos mismos han intentado suicidarse.
Walter padece la enfermedad materna, ataques epilépticos.
Las lecturas de Walter.
Stifter,  Jean Paul (Johann Paul Friedrich Richter), y Lermontov.
Novalis y Bernhard.
La novela se abre con una cita de Novalis: "La esencia de la enfermedad es tan oscura como la de la vida."
Recordemos también que Rothamer tenía la buhardilla de los Höller repleta de citas y escritos de Novalis pegados en las paredes. En El Premio Julius Campe de Mis Premios, leemos: "En el parque de Wertheimstein y en el Casino Zögernitz leí las galeradas de Amras. El libro está logrado, es un libro romántico, escrito por un joven después de leer a Novalis durante meses."
Me dije, voy a leer de nuevo Amras. Amras no es una de las grandes obras de Bernhard pero en Amras está el germen de Bernhard, me dije, no es una gran obra maestra de Bernhard como Corrección o La calera o Extinción, pero en ella está sin duda el germen del mejor Bernhard, me dije, leí Corrección y me hundí, leí La calera y me hundí, leí Extinción y me hundí, ahora leeré Amras y no sé si me hundiré también, lo bueno que tiene estar hundido es que ya no puedes hundirte más, tan sólo son palabras, me dije, luego me dije, sin embargo las palabras son lo más importante que hay, nada es más importante que las palabras, luego me dije, está el pensamiento, y unos segundos más tarde me dije igualmente, el pensamiento se hace con palabras, intenté pensar algo sin palabras y no conseguí hilvanar ninguna idea, tan sólo imágenes de Mary Elizabeth Winstead paseando por el parque, bueno, y también la luz en alguna calle de Berna o La Haya....
"Era triste lo que veía, era triste lo que pensaba, tristemente corrí la cortina, con la tristeza que gobierna la razón..." Digamos la tristeza dirigida, razonada.
Los dos hermanos tan sólo quieren desaparecer. Hay dos cartas de los hermanos, una dirigida a Hollhof, psiquiatra de Merano y otra a la señora Kufstein -el resto de cartas las escribirá el narrador-
Las lecturas de Walter ANTES del suceso.
Sterne, Dante, Donne, Diderot...
El cuchillo de Augsburgo.
Walter no se atreve a cogerlo porque le incita a causar dolor a alguien.
Suelos y muros.
Nueva a carta a Hollhof.
Menú en Amras.
Desayuno: leche cruda con pan recién hecho.
Almuerzo: manzanas y peras.
Cena: lonchas de carne negra colgante -cortadas con el cuchillo de Augsburgo- mojadas en vino.
Cartas a Hollhof.
Las cartas a Hollhof se suceden, entonces me doy cuenta que hace un rato que todo el libro son cartas a Hollhof.
Visita al internista en Innsbruck.,
La visita mensual al internista la hacen los hermanos andando. Cuando llegan Walter se instala en el llamado Asiento del epiléptico.
La muerte de Walter.
Walter está muerto. Sufría epilepsia, la enfermedad de la madre. Ahora está muerto. Luego sabremos la causa de su muerte (suicidio).
La casa del internista.
La consulta del internista está en un cuarto, quinto o incluso un ¡sexto piso! y no hay ascensor, ¿a qué internista se le puede ocurrir semejante desatino?
Análisis profundo del estilo narrativo de Amras.
Hay muchos puntos suspensivos...
Frases de Walter.
El narrador le transcribe a Hollhof las frases encontradas bajo el catre de Walter. Son disparates. ("El silencio del cerebro...").
Las ciencias naturales.
Walter se ocupa de las ciencias naturales, el narrador de la música, o es al revés, sí, al revés.
Análisis fonético.
Cómo debe sonar "Amras" en alemán, Amrrrasssss...
Qué decir a la gente para que se anime a leer Amras.
No te vas a reír con esta novela, definitivamente.
La ridiculez.
"...a veces andaba, no corría, me arrastraba y andaba, corría y me arrastraba, andaba y corría, sólo lo ponía todo en ridículo... pero sobre todo me ponía a mí en ridículo, me ponía en ridículo por... loco, malvado, artificial... con el endiablado deseo de armonizar por mí mismo la Naturaleza con mi propia ridiculez... con mi forma de actuar de repente, también allí, otra vez totalmente filosófica..."
Reflexionemos acerca de la ridiculez: definitivamente somos ridículos, el ser humano no puede escapar a su ridiculez, es absurdo e inútil luchar contra la ridiculez, ¡es ridículo luchar contra la ridiculez!
Fragmentario.
Digamos que el libro es fragmentario.
Locura.
La cubierta alude a "monólogo que iluminan documentos intercalados la deriva progresiva e inexorable a los tenebrosos dominios de la locura".
Bueno, pensé, si utilizáramos los documentos dispersos de alguien, más los pensamientos sueltos de un pariente que se ha suicidado, cartas al psiquiatra, reflexiones inacabadas... ¡cualquiera parecería un loco!
"Ya no estudio, ando, con el equilibrio totalmente trastornado, por un bosque de experiencias asfixiadas, mortales puntos de apoyo del espíritu, todo está muerto, todos los libros están muertos, sólo respiro ya un aire muerto..."
Cuando uno pierde la fe en los libros lo ha perdido todo.
Lo mejor es la carta final a Ratteis, botánico de Partschins.
"Amras extraordinario".
En Mis premios Bernhard relata la época en la que escribió Amras, de un tirón, a su editorial le pareció bastante bueno (Telegrama: "Amras extraordinario, todo muy bien", de Mis Premios. Se pierde en los vericuetos de la historia de la literatura qué leyó realmente el lector de la editorial).
"Después de Helada creí no poder escribir, ni poder escribir nunca más, pero entonces, a orillas del mar, me puse a ello y Amras estaba allí. Siempre había sido el mar lo que me había salvado , sólo necesitaba ir al mar y estaba salvado." (Mis Premios, 2009, póst.)
Después de Amras el narrador estará en Aldrans, y luego en Stam.
El final posible: los manicomios austríacos ("...que nos avergüenzan a todos...").

martes, 20 de septiembre de 2011

Höller.

Mi nombre es Höller, soy taxidermista. Ya sé, pensarán, ¡taxidermista!, nadie en su sano juicio es taxidermista. Leí Corrección de Thomas Bernhard con el interés de todo aquel que aparece retratado en una novela. Sería bastante infantil por muy parte denunciar que mi personaje no se ajusta a la realidad, la novela es la novela, es ficción. Pero tampoco me perdonaría el desaprovechar la oportunidad que se me brinda de esclarecer algunos hechos y situaciones que en definitiva pasarán a la posteridad por el simple hecho de haberlos escrito Bernhard, ¿y es acaso alguien Bernhard?
En la novela Corrección conocemos los puntos de vista del narrador y de Roithamer. Sin embargo sólo yo fui testigo de la locura de ambos, de sus estancias en mi buhardilla, la de los Höller como la llamaban ellos, la de Roithamer como la llamaba yo. Ellos vinieron a mi casa después de mucho tiempo. Se decía que habían emigrado a Inglaterra, a impartir clases. En realidad estaban huyendo. Uno de su casa Altensam, otro de la posibilidad de perder de vista a su mentor intelectual. Roithamer huía de Altensam, el narrador seguía a Roithamer. Así, cuando murió Roithamer -suicidado- el narrador no supo adonde ir y recaló en la buhardilla de Roithamer, dijo que por imperativo legal, para examinar y ordenar el legado de Roithamer, decía, así lo llamaba, el legado de Roithamer, ¡já! me rió yo del legado de Roithamer, papeles, sólo papeles, ¡excentricidades! ¡la fabricación del Cono! Luego vino el narrador, le conté cómo encontré el cuerpo de Roithamer, se metió en la buhardilla, ¿qué pretendía? No sé quién estaba más loco si Roithamer o el narrador -también llegué a esperar su muerte, inminente-.
Yo también tengo mis papeles, yo no soy menos que ellos, poseo mi propio legado, sí, en él explico cómo mis sospechas sobre las verdaderas intenciones de Roithamer no me eran desconocidas. Roithamer, creo, pretendía en sueños a mi mujer, a la señora Höller, toda esa historia de la huida de Altensam no eran más que patrañas, ella iba detrás de mi mujer, una desconocida para mi, de tal forma que lejos estaba yo de sentir celos cuando los descubrí en una ocasión a solas en la buhardilla, ella se ruborizó y se marchó intempestivamente, creí ver lágrimas en sus ojos, Roith -como le llamaba yo en la intimidad- siguió a lo suyo, como si no hubiera pasado nada, decía entre dientes "el Cono, el Cono, el centro geométrico del bosque, ¡Altensam!...".
Mi impresión es que Bernhard quiso establecer una simbología retórica con algunos aspectos de la novela, sin ir más lejos con mi profesión, taxidermista, de todos era conocido, en la región del Tirol, que yo regentaba una ferretería familiar en Stocket, ¿por qué me hizo taxidermista? Sin duda la profesión de taxidermista es la que más enlazaba con las posibilidades de permanencia tras la muerte. Era eso lo que quería alcanzar Roithamer con su Cono demencial, el objeto disecado de toda su vida -un proyecto mortal-. Cuando Bernhard me propuso aquello le dije rotundamente que no, que nunca sería taxidermista, aquellas fueron mis exactas palabras ¡no seré taxidermista! De nada me valió aquella irritación, terminé siendo taxidermista. Las cosas de la vida han hecho que años después de que Bernhard escribiera Corrección haya terminado de taxidermista del pueblo... Pero eso es una historia que no les atañe, y tampoco quiero aburrirles con mi vida real, cuando sé que en realidad sus intereses se centran en mi vida novelesca.
No tengo pocos misterios que desvelar aquí y ahora. Se sorprenderán cuando Bernhard me pidió que me suicidara, que necesitaba mi suicidio, así me dijo, para incorporarlo a su novela, me dijo desde la más absoluta de las frialdades del creador. Yo me negué en redondo, obviamente, aún o había terminado de pagar la hipoteca de la casa del Aurach y mis hijos aún no se habían emancipado. De habérmelo pedido en mi situación actual quizás me lo hubiera pensado. Mi mujer se marchó con el carnicero y mis hijos emigraron a ¡Cambridge! donde siguen la estela de Roithamer. Pero esa historia... ¡demonios, lo mismo que antes!
Fue entonces -ante mi negativa de suicidio- cuando Bernhard decidió acabar con Roithamer. Me trastorna un poco los planes, me dijo, pero alguien debe morir. Le sugerí que podía morir la hermana de Roithamer, pero resultó que ya se la había cargado. Le hablé del narrador, pero me miró sombríamente y no dijo nada, ¡él era el narrador, pardiez!
Leí mucho sobre Corrección. También a su traductor al español, Miguel Sáenz, quien dijo de Corrección: "Esta novela es un nuevo hito en la obra de Bernhard. En ella, como en otras de sus obras, hay un personaje que escribe o quiere escribir un texto. Su afán por la perfección le lleva a corregir y corregir constantemente, hasta acabar aniquilando el texto y aniquilándose a sí mismo." Bien, no estoy en absoluto de acuerdo con esta apreciación, a Roithamer lo mató su Cono, aunque hay quien dice que a Roithamer lo maté yo con la construcción de mi casa demencial en la garganta del Aurach. También quiero decir algo que nadie ha sabido hasta ahora, conozco el contenido de la última versión del escrito de Roithamer sobre el Cono. Hasta ahora sólo se sabía que iba a existir una cuarta versión de unas veinte páginas. Pero de entre los papeles de Roithamer de la buhardilla de Roithamer -de los Höller- yo entresaqué la versión definitiva. Era absurdo pensar que Roithamer se suicidara sin terminar su versión del escrito de su vida -de su muerte, en realidad-. Claro, se lo oculté al propio narrador, ¡que le den! ¡Mira que hacerme taxidermista! Bueno, a lo que iba, estoy en condiciones de reproducir el texto final y definitivo del escrito sobre Altensam y el Cono, después de múltiples y demenciales correcciones. Es éste: "El Cono es una mierda". Sí, no hay más. A eso se redujo todo. Es obvio pensar que después de esto a Roithamer sólo le quedara el suicidio como salida.
Cuando el narrador vino a la buhardilla de los Höller enseguida temí que intentara seducir a mi esposa, al igual que hiciera Roithamer, y es que eran tal para cual, dos clones infectos. Por eso esperé pacientemente el suicidio del narrador. Ahí me defraudó el narrador, no fue capaz de llevar a cabo su mimetización roithameriana al completo. Fue entonces -y aún tiemblo al recordar sus palabras exactas- cuando el narrador me pidió encarecidamente que disecara a Roithamer después de su cuelgue -sería un bonito detalle de amigo, me dijo para convencerme-, le dije que eso era imposible, que me parecía un disparate, por eso, me contestó, necesito un gran disparate para finalizar el libro. Me negué, me negué en redondo, aún a sabiendas de que mi oposición era absolutamente inútil cuando algo se le metía en la cabeza al narrador. Finalmente ignoró aquella rocambolesca idea y se conformó con proporcionarme la escena del ave negra inmensa rellena de celofán, una escena que me produce el más detestable de los ascos.
La novela Corrección hubiera sido completamente distinta si Bernhard me hubiera dejado el peso de la narración, sin duda hubiera sido una novela mucho más interesante, y todos hubieran muerto, claro.
Al final de este modesto escrito tan sólo quiero dejar expresado la total consternación y sorpresa que supuso para mi que años después un tal Kovalski se presentara en esta casa -habíamos hablado meses atrás con motivos de un estudio que llevaba a cabo acerca del Cono de Roithamer y en definitiva de Corrección, yo pensé, este Kovalski no tiene ni idea de Corrección, no tiene ni idea de Bernhard-. Lo dejé a solas con los papeles de Roithamer y del narrador, lo que no me esperaba es que intentara saltar desde el ventanuco de ventilación de la buhardilla al vacío. Por suerte -o mala suerte para él , según se mire- tan sólo se torció el tobillo. Decía entre dientes mientras le ayudaba a ponerse en pie: "ridículo, ¡grotesco!".

domingo, 18 de septiembre de 2011

Roithamer.

Roithamer era un personaje de una novela de Thomas Bernhard, Corrección, me dijeron. Me dijo que se había suicidado incluso antes de empezar la novela. Me dijo también que se había suicidado como lo haría 10 años después el Wertheimer de El malogrado,de Thomas Bernhard. Sin duda Altensam le había puesto contra las cuerdas. Altensam, sí, Altensam, me repetía una y otra vez. Pero, ¿quién es el narrador?, le pregunté, Bernhard, me dijo Roithamer, el narrador es Bernhard, ese monstruo, añadió. Estuve unos días pensando en la muerte de este desdichado, en su proyecto mortal -en lugar de vital-, su proyecto monstruoso, en definitiva, la construcción del Cono, para su hermana, para su querida hermana. Me dijo: no soporto que Bernhard escriba "así Roithamer, así Roithamer", ¡no soy un profeta! Yo le dije que no tenía que tomárselo de esa manera, que Bernhard era un cachondo, que era su forma de especificar qué pensamientos eran los suyos -de Roithamer- y cuáles del narrador. Me dijo que le daba igual el estilo narrativo, pues él, finalmente -o al principio, en realidad-, se había suicidado. Colgado de un árbol en el claro del bosque, me dijo. Una muerte muy poética, le dije. Él sonrió con terror.
Pensé, Wertheimer está muerto, se ha suicidado antes de comenzar El malogrado, Roithamer igualmente está muerto, se ha colgado en el claro del bosque de Kobernauss. Pensé entonces que daba igual que yo releyera una y otra vez -comenzando desde el principio, evidentemente- la novela Corrección pues Roithamer siempre estaría muerto -Roithamer tan sólo existía como tal en la novela Corrección y ya desde la primera página estaba muerto-. Luego comprendí que tanto Corrección como El malogrado eran la búsqueda de las motivaciones de unos suicidios. Así se lo dije a Roithamer: Corrección es la búsqueda de los motivos de tu cuelgue. Es posible, el narrador siempre pretendió dejarme a un lado en la novela, ya en la segunda parte no pudo seguir con la farsa y tuvo que reconocer que el verdadero protagonista de la historia era yo -mi suicidio, en realidad-. No quise decirle a Roithamer lo evidente, los motivos de su cuelgue, como yo le llamaba a su suicidio. Sin duda estaba convencido de que de no haberse suicidado, B. nunca habría escrito su historia, luego él no tuvo ninguna oportunidad, sólo pudo suicidarse para cobrar vida -aún en su muerte-.
La cárcel de Altensam, la cárcel de al casa de sus padres, en definitiva. Pobre niño Roithamer, viviendo en una mansión y teniendo que ir a escondidas hasta el pueblo para conversar con las gentes humildes del lugar, le dijo con sorna. Pobre niño Roithamer teniendo que caminar 14 kilómetros cada día por rutas escarpadas y nevadas para ir al colegio, le atormenté con su falseada infancia. Pobre niño Roithamer, que era encerrado en la torre de Altensam, en la buhardilla de Altensam, cuando a su madre se le antojaba -escapar de una buhardilla para terminar definitivamente en otra buhardilla igual de repugnante, la buhardilla de los Höller, sin ir más lejos-. Pobre niño Roithamer que no podía acceder a la biblioteca de su padre por prohibición expresa de su odiada madre. Pobre Roithamer, en definitiva, que tuvo que huir de Altensam, del país, y afincarse en Inglaterra para llevar a cabo su tarea docente y desarrollar finalmente el gran proyecto mortal de su vida, la construcción del Cono en el bosque de Kobernauss, lo que, finalmente, le llevaría hasta la muerte.
Le pregunté en una de sus atemporales llamadas el porqué de aquel amor exagerado hacia su hermana. En definitiva la hermana de Roithamer odiaba el Cono, así se lo hizo saber ella, con franqueza, no quería participar en aquella infamia monstruosa -así Kovalski. Por ello Roithamer llevó a cabo el proyecto en el más ridículo de los secretos.
Así Roithamer se suicidó porque: a) su hermana falleció de una enfermedad mortal, b) la construcción del Cono quedó concluida, c) Höller le ignoraba. El taxidermista Höller, ese extraño tipo que ofreció su buhardilla para que: 1º Rotihamer realizara los estudios pertinentes para la construcción de su Cono, 2º para que el narrador examinara y ordenara los papeles pertenecientes a Roithamer, también llamado el legado de Roithamer.
Roithamer era un personaje un poco reservado. Yo le preguntaba cómo le iba la construcción del Cono y él se encogía de hombros, luego le preguntaba cómo le iba en Cambridge y él se encogía de hombros, una vez tan sólo me dijo algo de unos estudios de genética, las ciencias naturales..., me decía, pero nada más, ni siquiera terminaba la frase.
Me entrevisté con Höller en su casa de la garganta del Aurach, en su proyecto demencial de casa que fue finalmente la inspiración y la motivación y en definitiva la causa de la muerte de Roithamer. Llegados a este punto podríamos deducir que Höller mató a Roithamer, tan sólo con la idea que tuvo de construir su casa en aquel lugar tan escalofriante y peligroso mató a Roithamer, tan sólo un loco pudo haber concebido aquella idea, una casa a la intemperie expuesta a los ruidos y silbidos mortales de la garganta del Aurach. Fue la casa de Höller lo que inspiró a Roithamer la idea de la construcción del Cono en pleno centro del bosque de Kobernauss -y lo que lo mató en definitiva-, para lo que tuvo que conseguir los más rebuscados e imposibles permisos -sin los cuales hubiera sobrevivido, lo que convirtieron a aquellos permisos en auténticos permisos mortales-, y todo ello pegando en las paredes de la buhardilla de los Höller, en donde llevaba a cabo sus cálculos, las más variadas citas de Novalis.
Quise profundizar en la muerte de Roithamer, pero no pude. Roithamer se colgó en el claro del bosque, ese claro del bosque tan significativo para Roithamer y su amigo, el narrador. Luego me dije, si era un claro, ¿de qué árbol se pudo colgar? Esa fue la primera sospecha que tuve con respecto a la veracidad de la muerte -por cuelgue- de Roithamer. Entonces, ¿había muerto realmente Roithamer?
Roithamer había dejado dicho que el Cono no sería habitado tras su muerte, que el Cono debía dejarse a su propia extinción. Así como Amras debía llamarse La torre de Amras -así Kovalski-, Corrección debía llamarse La buhardilla de los Höller en su primera parte y en su segunda parte Examinar y ordenar.
Cuando recibí la primera llamada de Roithamer reconozco que me inquieté, las sucesivas entraron a formar parte de mi paisaje emocional habitual. Pensé que Roithamer estaba realmente enamorado de su hermana, pues no se le conocían amores, ni en Stocket, ni en Altensam, ni en Cambridge, ni tan siquiera en Londres, adonde acudía para escuchar música de Haendel y Purcell. No quise preguntárselo pero era algo tan evidente que tampoco necesitaba ser preguntado. El odio hacia su madre se había revertido en una amor inadecuado hacia su hermana. Recuerdo ahora cómo entre risas se refería al narrador, me dijo, ese B., ¡era un amargado! No me gustó que se riera así del gran escritor admirado por mi, le dije que sin él Roithamer no sería nadie, él se rió -una risa melancólica, que devenía tragedia-, me contestó que él decidiría cuando ser alguien o no, le recordé que se había suicidado, que la culpa no había sido de B., sino de su estúpida desproporción en todo, en el proyecto, en el amor hacia su hermana, en el odio a su madre, a Altensam, en su absurda perspectiva de la cultura, del conocimiento y del sentido de la vida, en definitiva. Esa noche Roithamer me colgó el teléfono. No volví a saber de él.
Volví a ver a Höller años después. Le conté mis conversaciones telefónicas con Roithamer. Él me dijo que aquello era imposible, que él mismo había visto el cuerpo sin vida de Roithamer colgando en el claro del bosque. Le dije que me acompañara hasta el claro del bosque de Kobernauss, incluso le dije que me llevara hasta el Cono, quería ver el Cono, desafiando a la naturaleza, como último legado de Roithamer, deteriorándose sin remisión. Cuando llegamos al claro del bosque una corriente gélida recorrió el lugar. Aún podía verse la sombra del cuerpo colgando de Roithamer. Höller me dijo: aquí fue donde le encontré. Caminamos unos cientos de metros más, hacia el centro exacto del bosque de Kobernauss, ese centro geométrico que con tanta precisión había calculado Roithamer, desafiando a todos los expertos en cálculos de centros geométricos de bosques que confesaban una y otra vez sobre la imposibilidad de determinar el centro geométrico exacto del bosque de Kobernauss. Recordé cómo le había preguntado una vez a Roithamer cómo había calculado el centro geométrico, del bosque de Kobernauss, añadí. Sólo hice unas mediciones, tan sólo eso, me contestó humildemente.
Regresamos a la casa de los Höller ya bien entrada la tarde. Allí me mostró la famosa buhardilla delos Höller. Le pedí que me dejara un momento a solas con el legado de Roithamer. El narrador había dejado de examinar y ordenar el legado de Roithamer, ¿la causa? no llegué a conocerla. Hojeé con cierto desinterés -más por una obligación fatalmente entendida que por verdadera intuición- aquellos papeles, tanto los de Roithamer como los de Bernhard, en los que reconocí algún pasaje de Corrección, corregido hasta lo demencial. De pronto sentí la necesidad de escapar del mundo bernhardiano, de Roithamer, de Höller y de Corrección, en definitiva. Me subí a la mesa de madera -ajada por la podredumbre ocasionada por la humedad del Aurach-, abrí el ventanuco superior -apenas cabía una persona por él-, y salí al exterior, sin reparar en la altura a la que me encontraba ni en la hora del día que era, próxima al almuerzo.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Corrección, de Thomas Bernhard (y VI): La corrección. Suicidio. Y conclusión.

Entramos en la recta final de la novela. El narrador continúa leyendo el legado de Roithamer. Su relación con la madre, la mujer de Eferding, y con sus hermanos (adoración por su hermana, odio con sus hermanos eferdinguianos).
La historia de su tío, que se tiró de cabeza al pozo, de su primo que se precipitó a la sima dejando las zapatillas en la cumbre.
La historia de una corrección, en definitiva.
"Realmente estoy asustado de todo lo que he escrito ahora, porque todo fue muy distinto, pienso, pero corregiré lo que he escrito, no ahora, lo corregiré cuando llegue el momento de esa corrección, entonces lo corregiré y entonces corregiré lo corregido y lo corregido lo corregiré entonces otra vez y así sucesivamente, así Roithamer."
No es lo mismo corregirse a sí mismo que corregir a los demás, corregir a los demás es muy fácil pero corregirse a uno mismo no lo es tanto.
"Continuamente nos corregimos y nos corregimos a nosotros mismos con la mayor desconsideración, porque a cada instante nos damos cuenta de que todo (lo escrito, pensado, hecho), lo hemos hecho mal, de que hemos actuado mal, de que, hasta ese momento, todo es una falsificación, y por eso corregimos esa falsificación, y la corrección de esa falsificación la corregimos otra vez, y corregimos el resultado de la corrección de esa corrección, y así sucesivamente, así Roithamer."
La cuestión está en si cuando estamos haciendo la primera corrección somos conscientes de cuál sera la segunda corrección y cuando ésta cuál será la tercera corrección y si habrá una cuarta corrección, porque de ser así podríamos comenzar directamente por la última corrección y nos ahorramos el resto, a no ser, claro, que la verdadera cuestión sea la importancia del hecho de corregir, porque corregir dota al ser humano de un poder estratosférico, un control absoluto sobre su vida y sobre su pensamiento, corregirse a sí mismo es la actividad más útil que cualquier humano puede llevar a cabo, sobre todo si con eso ahorra papel.
Suicidio, pero no tanto.
"Como había hablado de ello tan a menudo (su primo) y con tanto apasionamiento y con tanto espíritu científico al mismo tiempo, no habían creído ya realmente que se suicidaría, porque quien habla tanto de ello como nuestro primo, lo mismo que, por lo demás,, también los otros, como su padre, por ejemplo, hablaba del suicidio una y otra vez y con cabeza cada vez más clara,, ése no se mata en definitiva,, al contrario, porque una persona así tiene ininterrumpidamente en la cabeza una idea de clara de suicidio y por eso no se suicida,, a causa de esa aclaración en su cabeza y de la continua capacidad para analizar esa claridad, sencillamente, no puede cometer ya un suicidio, porque esa persona se aclara siempre el suicidio, así Roithamer,..."
Pensar en el suicidio es algo bueno porque puedes analizar todos los detalles del suicidio, puedes llevar a cabo un auténtico acercamiento analítico del suicidio y en definitiva puedes salvarte del suicidio pensando continuamente en el suicidio porque sólo se suicidan aquellos que nunca piensan en el suicidio, que, digamos, nunca han realizado un verdadero acercamiento al hecho de suicidarse. Salvo el primo de Roithamer, claro.
Quién necesita las reuniones sociales.
"Si somos sinceros, comprendemos que casi todas las conversaciones en que nos vemos metidos, sin que sepamos cómo ni por qué razón, son inútiles, siempre conversaciones que no son convenientes para nosotros, que sólo nos debilitan. En el momento oportuno tenemos que levantarnos de esas reuniones sociales, circunstancias y situaciones e irnos, como es natural, a un estar solos bastante largo, largo, siempre infinito, así Roithamer."
Vamos a ver, Roithamer, a quién se le ocurre ir a reuniones sociales cuando tienes que realizar un trabajo intelectual sobre el estramonio y otro sobre genética y además tienes que construir el Cono, cuando tienes que alternar dos trabajos intelectuales, incluso estando en Altensam con los diplohaploides y cuando estás en Cambridge con el Cono, y cuando tienes que estudiar Estática durante tres años para poder construir el Cono y también cuando tienes que hallar el centro geométrico del bosque de Kobernauss incluso cuando los más expertos dicen que resulta imposible determinar ese centro geométrico del bosque de Kobernauss.
Consecuencias de ser un tipo raro.
"Es cotidiano ese levantarse e irse, el dejar siempre una reunión social que nos repugna, así Roithamer. Pero, como consecuencia de nuestro marcharnos, nos declaran locos y nos odian cada vez más, y esa circunstancia se refuerza día en día en contra de nuestra cabeza y en contra de nuestro carácter y en contra de nuestro ser, así Roithamer."
Definitivamente no iré nunca más a las fiestas de cumpleaños de mis amistades -en el caso de que tuviera amistades y de que éstas celebraran fiestas de cumpleaños, hay que estar preparado por si surge la ocasión-.
El sueño de Coleridge.
"Puede ser también que Höller no haya visto en absoluto el modelo de su casa en la realidad, porque en la realidad no hay ningún ejemplo para la casa de los Höller en la proximidad de la casa de los Höller, pensé, así Roithamer, tiene que venir de un sueño. Entonces, sin embargo, es muy posible,pensé, que Höller no haya visto sólo el modelo de la casa de su casa en sueños sino directamente la propia casa de los Höller."
Es ésta una idea que ya mencionara Borges en sus Otras inquisiciones refiriéndose al poema que Coleridge soñó sobre la construcción del palacio de Kublai Khan, un palacio cuyo diseño pareció haber soñado a su vez el propio Kublai Khan. Yo muchas veces he soñado músicas increíbles pero al despertar no recordaba absolutamente nada, lo cual me hace concebir algunas esperanzas de no pasar a la posteridad como un auténtico fracasado e ignorado músico de pacotilla, aunque claro, nadie me creerá cuando diga "soñé una sinfonía tan increíble como la novena de Beethoven", y entonces dirán los críticos, oh, es un gran compositor y me incluirán en las enciclopedias, no, creo que no funcionará. Pero yo les podría replicar, sí, Mozart y Beethoven eran grandes genios pero ¿qué sabemos de sus composiciones en sueños? seguramente eran unos músicos mediocres en sueños mientras que yo en sueños soy ¡un gran compositor!
De la misoginia a lo fingido.
No es que fuera Roithamer misógino, simplemente pensaba que las mujeres estaban en contra del intelecto.
Sobre su madre: "Intereses intelectuales, ella sólo supo fingirlos siempre, y en eso no se distinguía en nada de todas sus compañeras de sexo, lo mismo, que al fin y al cabo, creo, todo lo que había en ella interior y exteriormente fue siempre solo fingimiento, pero toda esta época en que hoy existimos es una época en verdad opuesta al intelecto, que solo finge lo intelectual,, la tendencia hoy es en contra del intelecto y a favor de lo fingido, lo mismo que, en general,toda esta época en que existimos es fingida, todo es fingido, nada es real, todo es fingido."".
Si no que hay que darle muchas vueltas, no es que las mujeres estén en  contra del intelecto, es la Humanidad la que está en contra del intelecto.
De todas formas, si profundizamos en la figura de la mujer de Eferding -la madre de Roithamer-, observaremos cómo en ella afloran inquietudes intelectuales -disfrazadas, puede ser, pero inclinaciones intelectuales al fin y al cabo-, ella acude a cada estreno del teatro de Linz, bien para ver obras teatrales o para asistir a una ópera, a ese teatro de Linz que Roithamer califica de repugnante, del más repugnante de todos los teatros. Cuando en realidad su padre -de Roithamer- no tenía en absoluto necesidad de asistir a esos fracasados actos culturales y tan sólo se aferraba a sus libros pues el padre de Roithamer ya era poseedor de una cultura mientras que la madre de Roithamer ni siquiera aspiraba a poseer esa culturas sino tan sólo aparentar esa cultura y nunca se la vio con un libro en la mano, según Roithamer.
En definitiva la segunda parte de Corrección es la relación de Roithamer con su madre, de Roithamer con sus trabajos intelectuales -en especial el Cono-, de Roithamer con Roithamer, etc...
Conclusión -o "Sinclusión"-.
Después de todo lo que he escrito -y transcrito- sobre -de- Corrección tengo la desmoralizante impresión de que en absoluto he podido plasmar parte del significado de esta obra, ni tan siquiera he conseguido acercarme mínimamente a la novela de Bernhard, ni personal ni intelectualmente, que Corrección era para mi un enigma era tan claro como que en Corrección se desconfía de los enigmas que nos rodean, que mi lectura de Corrección merecía ser corregida -como lectura y como relectura- era una evidencia, que Corrección estaba a un nivel que yo no podría ni soñar en alcanzar era tan claro como que Coleridge soñó aquel poema, que Corrección podía aniquilarte era claro igualmente, pero también que Corrección podía salvarte también era claro, que Corrección podía salvarte en definitiva pero también aniquilarte definitivamente era una cuestión de imposible resolución, no sólo para mi sino incluso para mi, el caso era que Corrección formaba una importante parte de mi vida lectora y ahora mismo no sabría decir si Corrección era superior a La calera o a Sí, o incluso a Hormigón, pero tampoco sabría decir si era superior a la Heroica de Beethoven o a las madonnas de Crivelli, en definitiva, el comentario sobre Corrección no pasaba de ser un comentario inaudaz, un comentario que tan sólo sobrevivía por su extemporaneidad -a causa de su extemporaneidad-. Si me pidieran algunas palabras clave para esta novela me vería forzado a caer en el tópico que todos adjudican a Bernhard, es decir, la soledad, el trabajo intelectual al margen de la sociedad -como defensa contra esa sociedad-, el suicidio, la incomprensión, el desmoronamiento familiar, el odio familiar, el inamor -sea lo que sea esto-, etc... pero intentaré sobreponerme a estos clichés y las palabras clave que propondré serán mucho menos evidentes -acaso inexistentes-, palabras como alienación, amistad, convivencia (maldita), proyecto demencial, ensimismamiento, aniquilación, contradicción, fingimiento, finalidad, terminación-finalización, distanciamiento, cárcel psicológica, etc..., cayendo de nuevo en los mismos tópicos de antes, ¿qué es entonces la novela de Bernhard? Lo tenía tan fácil que no llegaba a comprenderlo, la novela de Bernhard es una: Corrección. "Corrección".

martes, 6 de septiembre de 2011

Corrección, de Thomas Bernhard (V). Altensam. Examinar y ordenar.

En la segunda parte del libro, titulada Examinar y ordenar, el narrador revisa los escritos de Roithamer ("así Roithamer").
Episodios más o menos distinguibles:
- Infancia en Altensam "En Altensam todo había sido siempre para él de lo más difícil, y por eso, ya pronto, no había podido aguantar en Altensam y someterse a Altensam y sus leyes y, en la primera oportunidad para ello, se había marchado de Altensam." Creo que tiene algo que ver con esta actitud el hecho de que su madre lo castigara en el torreón abandonado durante horas, a él solo, nunca a sus hermanos.
- Relación de Roithamer con su madre: la mujer de Eferding. El padre de Roithamer estuvo anteriormente casado con una mujer cuyo hijo nació muerto. Luego se casó con la mujer de Eferding, esa señora que había llegado a Altensam para aniquilar Altensam con sus náuseas, sus achaques y sus amenazas de suicidio que nunca cumpliría.
"Cuando no había podido salirse con la suya en uno de sus deseos, que eran siempre deseos e ideas y realizaciones de efectos devastadores en Altensam, nos amenazaba, y nos amenazaba siempre, sobre todo, con esa amenaza que es la que más miedo causa de todas, así mi padre, así Roithamer, con el suicidio, un día, ya lo veríamos, se tiraría del muro, se estrellaría, porque su vida no valía nada para nosotros, aunque, sin embargo, dependíamos de ella, ella era el centro de nuestra vida, pero en el fondo  no era, como aseguraba una y otra vez, el centro de nuestra vida en Altensam, sino el centro de nuestra muerte lenta en Altensam y nunca cumplió su amenaza, esas personas, así Roithamer, hablan ininterrumpidamente de suicidio, lanzan su amenaza de suicidarse si no satisfacen sus deseos e ideas, porque no tienen otro medio que esa amenaza, porque, en el fondo,  carecen de medios, carecen totalmente de medios, pero no se matan, viven con esa amenaza y de esa amenaza durante años y durante decenios y, como es natural, mueren de muerte completamente natural, así Roithamer."
A lo largo de la segunda parte de la novela Roithamer se ceba con su madre desde el punto de vista emocional, de forma que la mujer de Eferding despierta más compasión que odio. Al principio ambos creían que habían cambiado, que serían soportables el uno para el otro, pero eso duraba muy poco y entonces ambos se odiaban entre sí.
Triángulo de personajes.
- El narrador: su vida corre paralela a la de Roithamer, el verdadero protagonista de la novela (en tercera persona). Han sido amigos de la infancia y ambos se marcharon a Inglaterra, uno huyendo de Austria, el narrador siguiendo a Roithamer. Da clases de matemáticas en Cambridge así como Roithamer da clases de Ciencias naturales en Cambridge.
- Roithamer. El epicentro de la novela. Antes de comenzar la novela ya se ha suicidado. En la primera parte el narrador revisa algunos aspectos biográficos de Roithamer y en la segunda leemos parte del llamado "legado de Roithamer".
- Höller. Taxidermista. Es una presencia fantasmal que sirve de guía a los otros dos amigos, la buhardilla de Höller será al fin y al cabo el escenario único de la novela.
El malogrado.
Encontramos cierta semejanza en este aspecto con El malogrado (el narrador, Weirtheimer, Glenn Gould).
Por un lado el personaje que se suicida tiene un nombre con similitudes fonéticas (Roithamer y Wertheimer) y en ambos casos son las figuras centrales de las novelas. En El malogrado el narrador es un personaje más bien pasivo que describe la relación entre Wertheimer, Gould y las variaciones Goldberg. En Corrección el narrador es parte figurante también en la trama, de hecho es quien plantea el orden en el desorden del legado de Roithamer, aunque su participación no afecta al argumento de la narración. Quizás Höller concuerden en sus papeles pasivos pero referentes. Así para Wertheimer la versión de las Goldberg de Gould era el gran drama de su vida y el motivo por el cual quizás acabara con su vida, por otro lado, es reconocido por Roithamer que él empezara a construir su demencial proyecto del Cono en el bosque de Kobernauss tras admirarse de la casa de Höller en la garganta del Aurach (un proyecto igualmente demencial), y si no bien directamente (Roithamer terminaría su obra arquitectónica, su gran proyecto, monstruoso que de alguna forma lo aniquilaría) la propia casa de los Höller determinaría su suicidio. Estamos ante dos proyectos monstruosos, uno musical (las variaciones Goldberg o más bien, la interpretación de las variaciones Goldberg de Bach) y otro arquitectónico (la casa de Höller versus el Cono de Roithamer). Así la buhardilla de los Höller haría el papel de que más tarde tendría el pabellón de caza de Traich en El malogrado.
La cárcel de Altensam.
Altensam es visto por Roithamer como una auténtica cárcel de la que hay que escapar. La casa de nuestros padres que nos aniquila.
Gran paradoja: Los estudios musicales nos alejan de la música.
Así Roithamer: "creí que debía emprender unos estudios musicales superiores, muy superiores, y efectivamente emprendí esos estudios, pero luego los abandoné otra vez, porque esos estudios musicales oficiales me hubieran aparatado más de la música, por los estudios musicales oficiales me había alejado de la música en lugar de entrar en la música por unos estudios oficiales". Es extraña esta cuestión, conocí a algunos estudiantes de música durante mi etapa universitaria y me sorprendía que sus intereses musicales fueran tan exiguos, realmente tan sólo vivían para su instrumento y las obras que tenía que preparar para sus clases. Sin duda Thomas Bernhard tuvo una experiencia de este tipo, primero como miembro del coro y luego como estudiante de violín.
El proyecto demencial.
"La idea y la realización de la idea, la terminación de la realización de la idea del Cono como iniciación y realización y terminación de mi objetivo, que en los últimos años me ha dominado completamente, la dificultad de hacerme comprender, no sólo por mi mismo en lo que se refiere,que siempre fue calificado sólo de demencial y completamente sin esperanzas, sino también de hacerme comprender claramente por todos los demás participantes en la realización y terminación del Cono."
Creo que es ideal la elección de un proyecto que pueda ser calificado como de demencial. El hecho de que sea demencial significa que es prácticamente imposible de llevar a cabo, esta imposibilidad de llevar a cabo el proyecto demencial revierte en la posibilidad de salvación del ejecutante pues de todos esa sabido que cuando el realizador fracasa en la construcción de su proyecto demencial realmente está asegurándose su salvación -la finalización o terminación del proyecto conlleva la muerte-.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Corrección, de Thomas Bernhard (IV. Una carcajada y Fin de la primera parte La buhardilla de los Höller.)

1. Elaboración.
Estaba claro que Roithamer había legado su trabajo intelectual (inacabado) al narrador simplemente para aniquilarlo (al igual que el padre de Roithamer había legado a éste Altensam para aniquilarlo). El gran error de los que elaboraban los trabajos intelectuales de los demás a partir de sus notas y sus estudios era precisamente el de pretender la elaboración cuando realmente lo que hacían era aniquilar el trabajo intelectual en lugar de elaborarlo. Así el narrador nunca llevaría a cabo la elaboración del trabajo inntelectual de Roithamer A saber, el narrador disponía de tres versiones del trabajo intelectual de Roithamer titulado:
De Altensam y todo lo relacionado con Altensam, con consideración del Cono.
Así:
- Una primera versión de 800 páginas.
- Una segunda versión, corregida, de 300 páginas.
- Una tercera versión, doblemente corregida, de 80 páginas.
Y era conocido que Roithamer pretendía realizar una cuarta y última y definitiva versión del trabajo intelectual que quedaría definitivamente en apenas 20 o 30 páginas.
2. El ave negra de Höller.
A medianoche el narrador repara en que el taller de Höller tiene la luz encendida. Desde la buhardilla observa cómo trabaja el taxidermista en un ave negra enorme y espantosa a la que está rellenando de celofán. Es el momento que aprovecha el narrador para reflexionar sobre la falta de sueño de algunos individuos, unos individuos distintos a los demás que nunca, jamás, podrán dormir relajadamente ni descansar normalmente y entre los que se encontraban tanto Höller como él mismo.
3. La felicidad e infelicidad: la eterna insatisfacción del ser humano.
La felicidad es tratada en toda la obra bernhardiana como un imposible, como una burla quizás, como una utopía que tan sólo los crédulos pueden creer haber logrado. Quizás los límites entre la infelicidad y la felicidad sean indistinguibles en ocasiones, quizás la sensación de infelicidad colabore a la obtención de la supuesta felicidad -por ejemplo el infeliz se alivia con la ideación suicida-, quizás la felicidad no sea algo reconocido ni tan siquiera ansiado por el ser humano, tan sólo en su desconocimiento e insensata ambición: "Siempre lo imposible y, al quedarse con lo posible en el mínimo existencial, el individuo se encuentra siempre insatisfecho en lo más hondo. Sin embargo, se crea una y otra vez una situación de vida, probablemente porque realmente se ama la vida, tal como es. Siempre queremos algo distinto de lo que podemos tener, de lo que tenemos y de lo que nos corresponde, y por eso somos infelices. Si somos felices destruimos inmediatamente pensando, si somos como Roithamer y demás, ese ser felices, y enseguida somos otra vez infelices." Siempre pensé esto, que si Rachel Bilson accediera a tomar café conmigo enseguida querría tomar café con Mary Elizabeth Winstead.
4. No hay enigmas.
"Si unimos sin cesar todo lo que percibimos y, por tanto, vemos, y a todo lo que pasa en nosotros significados y enigmas, más pronto o más tarde tendremos que volvernos locos, pensé."
Pero realmente que cualquier cosa no sea un enigma no deja de ser un enigma, lo que nos lleva indefectiblemente a la locura total, una locura enigmática eso sí. Pero resulta lícito entrever ocultas traducciones en el comportamiento de la gente, aún más si pensamos que esa misma gente es incapaz de dar perfecta explicación a sus propios actos y pensamientos.
5. La ocupación exclusiva de nuestra propia identidad y, por decirlo de algún modo, formalidad de ser a veces nos reduce a una expresión desafortunada de la existencia.
..."esos pensamientos que se ocupan del estado de los otros alivian siempre el estado propio."
6. La carcajada: juego de espías.
El narrador está "espiando" a Höller en su taller taxidérmico mientras que Höller espía al narrador en su buhardilla de los Höller (para él en realidad buhardilla de Roithamer), ambos con las luces apagadas. Antes ha aparecido, como por arte de magia, el Bernhard cómico (¿acaso no es Bernhard el autor más humorístico y dramático a la vez de la historia de la literatura convirtiéndose en lo que podríamos definir como autor "dramatico-humorístico inverosímil"?), cuando el narrador tropieza y arma un gran escándalo y hace que Höller suba a ver qué ha pasado y abra la puerta y el narrador lo despide sin más y Höller se marche sin más ("Se asombró de que yo no estuviese aún en la cama, sino levantado y vestido. Sin decir palabra, después de ayudarme a colocar el perchero, salió otra vez de la buhardilla."). Pero cómo se va a asombrar si lo estaba espiando desde la ventana de su taller, toda la noche ambos espiándose, el uno en la buhardilla dando vueltas con los pies descalzos para no armar jaleo y el otro rellenando de celulosa su ave demencial con celofán, en la oscuridad, para no ser observado.
Pero antes acontece el hecho de la carcajada, esa carcajada que el narrador suelta cuando ve caer de la mochila gran parte del legado de Roithamer y el narrador entonces la recoge tal cual ha caído al suelo y la guarda de cualquier forma en el baúl, desordenadamente, dándose cuenta de inmediato el narrador que el desorden que acaba de producirse impedirá definitivamente la labor de examinar y ordenar el legado de Roithamer, fruto de cuya conclusión sucede la carcajada ("por qué había apagado Höller la luz precisamente en el instante en que yo había soltado la carcajada, poco después de mi carcajada se había pagado la luz en el taller de los Höller"). Diste la carcajada y ya no encendió más la luz porque se di cuenta de que lo espiabas y entonces decidió espiarte también a ti, es por eso que se sorprendió porque hasta entonces no sabía que lo espiabas y ahora el también te espiará a ti y tú no dejarás de espiarlo igualmente.

Fin del comentario de la primera parte 1. La buhardilla de los Höller.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Corrección, de Thomas Bernhard (III). Hauer. Reflexiones.

El narrador ha salido del hospital donde ha estado ingresado por una afección pulmonar. Se ha marchado directamente a la buhardilla de los Höller para ordenar los papeles de su amigo Roithamer, quien ha puesto recientemente fin a su vida en el claro del bosque (de Kobernauss).
El cono- La casa de los Höller.
La inspiración del cono la obtuvo Roithamer -aunque sin saberlo- de la casa edificada por los Höller en la garganta del Aurach, desafiando las crecidas del Aurach, en definitiva, un proyecto tan demencial como el del propio Cono en el Kobernauss.
"Höller, en sus circunstancias, había necesitado cuatro años para la planificación y para la realización y terminación de la casa de los Höller, Roithamer, seis años para la planificación y realización y terminación del Cono para su hermana."
La cena en casa de los Höller.
Por momentos la novela recupera la temporalidad y nos adentramos en la casa de los Höller de manos del narrador. De alguna manera ha suplantado al propio Roithamer. La cena transcurre con el matrimonio Höller y los hijos de los Höller, quienes no hablan en absoluto. Todos esperan que hable el narrador. Ya, al final, el narrador refiere la influencia decisiva que tuvo sin duda la construcción de la casa de los Höller para el proyecto del Cono de Roithamer, la importancia que tuvo en definitiva la edificación de la casa de los Höller en el valle del Aurach.
Haendel y Purcell.
Era sabido de la predilección de Roithamer por estos dos músicos, una de las razones por las cuales para que Roithamer escogiera Londres-Cambridge para su labor profesional ("es probable que Roithamer fuera también a Inglaterra a fin de investigar el arte de la composición de Purcell y de Händel, porque ya antes de ir a Inglaterra le gustaban Purcell y Händel y s había ocupado de ambos, escribiendo incluso un pequeño ensayo, lo que se llama un estudio comparativo, titulado Händel y Purcell, que, sin embargo, se ha perdido, una de las muchas de Roithamer, que escribió a sus veinte y tantos años y que, porque no se ocupaba de ellas, probablemente por desconocer realmente sus cualidades y porque, en general, era un carácter que , en cualquier caso, menospreciaba sus propias obras de arte, las hechas por él mismo, después de concluirlas, por logradas que fueran, y no se ocupaba más de ellas, recuerdo también un artículo sobre Anton von Webern, que construía toda una teoría propia de la música, el cual se ha perdido igual que todos los escritos anteriormente mencionados sobre Händel y Purcell, estudios de semanas de las teorías de Hauer y Schönberg habían retenido siempre a Roithamer en Altensam, en su habitación del torreón,...").
La presencia de músicos en las novelas de Bernhard es casi una constante. Recordemos el trabajo intelectual sobre Mendelssohn que el protagonista de Hormigón lleva a cabo, o la omnipresencia de las variaciones Goldberg en el malogrado -su novela más musical-, o el viaje que realiza hasta Suiza con sus amigos en Maestros antiguos para conseguir la crítica de una ópera de Mozart en un periódico extranjero, por poner algunos ejemplos. Y es que la música fue la otra de las grandes aficiones -aparte de escribir como un loco- de Thomas Bernhard pues incluso cursó estudios musicales y cantó en el coro en la infancia.
Nota: realmente desconozco por completo la figura de Hauer, así que tuve que indagar un poco en la persona de este compositor vienés ("la música es matemática", un concepto que viene muy a mano a la figura del narrador, que es matemático. También me recuerda al monólogo que existe en las Armonías de Werckmeister de Belat Tarr acerca de los sistemas tonales: Werckmeister):
Hauer: Hauer
Zwölftonspiel per violino e pianoforte de Hauer:
Hauer music
Reflexiones:
1. Me pregunto si era realmente necesario que Roithamer se fuera a Inglaterra para profundizar sobre la obra de Haendel y Purcell. Realmente entiendo que para conocer mejor la obra de Palladio haya que ir a Venecia, que para profundizar o hacer un trabajo intelectual sobre la obra de El Bosco haya que ir... ¡no a Bosch, por supuesto! sino al Museo del Prado. Pero creo que para comprender absolutamente la música de Haendel o Purcell sería suficiente escuchar mucha música de Haendel y Purcell, no necesariamente en vivo, desde luego, en el salón de casa incluso, si fuera necesario, ocasionalmente, aislarse por completo de la humanidad para profundizar en la música de Purcell y de Haendel, alternativamente o conjuntamente, de ambos genios, casi ingleses.
2. La esencia del trabajo intelectual de Roithamer no sería en ningún caso -como creo haber dicho en algún momento- la construcción del Cono para su hermana. Realmente cualquier obra de creación artística es incompatible con el concepto de trabajo intelectual. Así un trabajo intelectual podrá realizarse a partir de una obra de creación ya ejecutada, o en vías de ejecución, o al menos ne vías de concepción. Nunca el trabajo intelectual podría ser esa misma obra. Entonces el trabajo intelectual de Roithamer se llevaría a cabo a partir de la finalización -o incluso podría ser a través de la construcción- del Cono en el bosque de Kobernauss. Luego me pregunto igualmente si la novela de Bernhard puede considerarse como un trabajo intelectual, creo que no, que en realidad es la narración del proceso de un trabajo intelectual, el que lleva a cabo el narrador -no Roithamer en cualquier caso- sobre los trabajos intelectuales -y no intelectuales- de Roithamer.
El camino al colegio. Tres amigos.
Los recuerdos que el narrador plantea sobre la mesa a Höller sobre el camino que los tres amigos (es decir, Höller, Roithamer y el propio narrador) tienen realmente un fin último: el suicidio por ahorcamiento del maestro de la escuela. Que este suicidio (los tres amigos descubrieron el cuerpo sin vida del maestro de la escuela en la clase) afectara negativamente a las vidas adultas de los tres amigos debe tenerse en consideración. NO debe obviarse en ningún momento que este hecho no afectara en absoluto a los tres amigos, siendo, en consecuencia, la causa principal del suicidio de Roithamer (en un país en que todo el mundo piensa constantemente en acabar con sus vidas) aparte del consabido hecho de que la hermana de Roithamer muriera tras la finalización de la construcción del Cono por parte de Roithamer así como la propia conclusión de esta construcción del Cono por Roithamer fue fundamental para el fin de la vida de Roithamer.
Hecho objetivo, imparcial, (la existencia de) una idea que conduce toda la vida de un ser humano hasta que esa idea es alcanzada y la vida del ser humano en cuestión deja de tener sentido..
El camino que los tres debían seguir hasta el colegio era horrible y tortuoso y lleno de peligros, como apunta el narrador, que Roithamer tuviera que bajar de Altensam hasta la casa de los Höller y luego los dos hasta Stocket para recoger al narrador y de ahí tres kilómetros más hasta la escuela, y que Roithamer tuviera que andar cada día 7 kilómetros para ir y luego otros siete para volver del colegio, era un recorrido que realmente luego tendría prolongación en sus propias vidas, de forma que el camino al colegio se convertiría simbólicamente en el camino de sus propias vidas.
Localizaciones geográficas.
El valle del Aurach, en el Tirol (el estruendoso valle del Aurach, desafiado por la construcción de la casa de los Höller).
La aldea de Stocket, donde vive el narrador.
Altensam.
Cambridge: donde enseñan y trabajan en sus trabajos intelectuales tanto el narrador como Roithamer.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Corrección, de Thomas Bernhard (II:notas)

Segunda parte del comentario. Profundizando en la obra. (Notas preliminares. Bosquejo.)

Corrección, de Thomas Bernhard se divide en dos partes:
1. La buhardilla de los Höller.
2. Examinar y ordenar.

En la buhardilla de los Höller el narrador -anónimo- se dedica a organizar los papeles de los trabajos intelectuales -redacciones descriptivas, hojas de cálculos, extractos de memorias, ...- de Roithamer. Estos papeles han sido atribuidos al narrador por un juez.  
La muerte de Roithamer.
Roithamer se suicida en un claro del bosque. Ese claro del bosque tiene un significado muy especial para el narrador, amigo de la infancia de Roithamer. La hermana de Roithamer -a quien estaba dedicado el proyecto vital de Roithamer, la construcción de un Cono en medio del bosque de Kobernauss- fallece de cáncer, entonces Roithamer se derrumba y es cuestión de tiempo su final.
La muerte de Roithamer arrastrará al propio narrador hacia las ideaciones suicidas. Si bien en un principio pensamos que el suicidio de Roithamer no afectaría a la actitud vital del narrador enseguida nos damos cuenta de que esto no es así pues el narrador ha vivido siempre pensando desde la mente de su amigo Roithamer.
Altensam.
Es la finca propiedad delos Roithamer, el sitio al que siempre ha querido ir desde niño el narrador y el sitio desde el que siempre ha querido huir Roithamer. El padre de Roithamer dio en herencia a Roithamer la propiedad de Altensam, a pesar de ser el mediano de sus hijos -para aniquilar Altensam y para aniquilar, en definitiva, a su propio hijo-. Roithamer se hallaba más cerca de la gente del pueblo de Stocket, de donde era el narrador, que de la altanería de Altensam.
La política.
El relato nos introduce en la mente de Roithamer, más incluso que en la del propio narrador. La revisión del legado de su amigo le sirve para ir conformando un collage biográfico que salpica de recuerdos propios -el festival de música donde Roithamer acertó a todas las rosas con su escopeta- con confesiones de Roithamer así como con la situación actual del narrador en la buhardilla de los Höller hojeando el material roithameriano. Uno de los aspectos que resalta el narrador de Roithamer es su preocupación por la política y por su Austria natal, de la que decía había que huir para no convertirse en un ser vil.
Por qué se suicida Roithamer.
La muerte de su hermana y la consecuente ausencia de significado de la construcción del Cono acaban con sus motivaciones personales.
"Pero no llegó a quemar el estudio, probablemente el estudio dejó de ser tan importante para él, porque no puede suponerse que, en fin de cuentas, hubiese olvidado el estudio cuando se mató, y porque en fin de cuentas nada es tan importante, como escribió también en otra nota y, en su última nota, todo da igual."
El claro del bosque y Stifter.
"Sobre ese claro del bosque, en el que nos encontrábamos a menudo, poniéndonos a hablar siempre enseguida de esa casualidad y de todo lo imaginable, escribió Roithamer una vez un pequeño artículo, que publicó luego en un  periódico de Linz, el ocuparse de Stifter y, especialmente, de la piedra caliza lo condujeron a ello y, en relación con esos temas,referido sólo al claro, que fue muy importante en mi vida, ese fragmento de prosa fue un buen ejemplo del pensamiento ulterior de Roithamer..."
Qué es la Corrección.
Roithamer rectifica y corrige profundamente su estudio sobre Altensam hasta derivar en un trabajo intelectual completamente distinto del inicial. Quizás la corrección sea el auténtico trabajo intelectual y nunca el estado inicial o final del estudio. El proceso como trabajo intelectual, la corrección como medio para alcanzar la intelectualidad, una intelectualidad que al fin y al cabo, ¿para qué sirve?
Amistad.
No sólo es importante para el relato la amistad de Roithamer con el narrador sino también de Roithamer con Höller quien le prepara la buhardilla para que Roithamer pueda llevar a cabo sus estudios intelectuales.
Reflexión: La construcción es finalmente finalizada, así como fue en ese momento fue finalizada la existencia de Roithamer y no con el fallecimiento de su hermana como pretende hacer creer la novela.
Nombres: en las novelas de Bernhard los nombres son fundamentales -por el eco repetitivo de la narración-, así encontramos un Höller como encontramos un Köller en Los comebarato.

sábado, 27 de agosto de 2011

Corrección, de Thomas Bernhard (I)

Korrektur.
Traducción de Miguel Sáenz.
Suhrkamp Verlag Frankfurt am Main, 1975.

El narrador llega al valle del Aurach, a la casa del taxidermista Höller para ordenar los papeles intelectuales de su amigo fallecido Roithamer.
Roithamer daba clases en Cambridge, si bien aprendía cuando daba clases y daba clases cuando aprendía,  y en desplazamientos al valle del Aurach, a la llamada buhardilla de los Höller, una habitación especialmente habilitada para él y su trabajo intelectual, desplazamientos de quince días de duración Roithamer llevaba a cabo el proyecto de una edificación en forma de Cono en medio del bosque de Kobernauss y dedicada a su hermana.
Ahora que la hermana de Roithamer murió y que el propio Roithamer se suicidara meses después de que su hermana muriera el narrador debe llevar a cabo la ordenación de los papeles de su amigo Roithamer, suicidado. Para este trabajo -no menos intelectual que el propio proyecto de su amigo Roithamer- el narrador se hospeda en la propia buhardilla de los Höller donde Roithamer llevara a cabo su proyecto del Cono en medio del bosque del Kobernauss. Curiosamente los Höller denominaban a la buhardilla de los Höller, así Roithamer, la buhardilla de Roithamer, lógicamente, por otra parte.
Los papeles de Roithamer se dividen en dos grandes grupos: 1. los papeles empleados en la construcción del Cono, repletos de cifras y fórmulas, y 2. los papeles que iban a conformar la explicación de la construcción del Cono, de mayor volumen que los anteriores (también lógico).
El hecho de que Roithamer sólo pudiera desarrollar su pensamiento en la buhardilla de los Höller tenía que ver con la naturaleza de ese pensamiento, es decir, debía tratarse de un pensamiento relativo a la propia buhardilla de los Roithamer, lo cual convertía la buhardilla de los Roithamer en el sitio ideal para que el narrador llevase a cabo el estudio de los papeles de su amigo, fallecido.
Qué nos encontramos ya de característico en las primeras páginas de este extraordinario libro de Bernhard -en el cénit de su talento creativo-:
1. el trabajo intelectual: en esta ocasión se trata de un trabajo intelectual sobre un trabajo intelectual, no tanto la elaboración del Cono, que pasa de ser un trabajo intelectual para ser una obra arquitectónica, si bien ambos amigos siempre odiaron la palabra arquitectura y derivados, sino sobre la explicación de ese trabajo arquitectónico;
2. el suicidio como único final posible ante el abatimiento producido por la incapacidad de completar un así llamado trabajo intelectual: en este caso ya consumado -en la persona de Roithamer- y no sobrevolando la vida del narrador, al menos en principio;
3. la soledad como único medio de llevar a cabo un trabajo intelectual -simbolizando este trabajo intelectual la existencia en definitiva-: en la buhardilla de los Höller (el valle del Aurach), tanto por Roithamer como por el narrador después.
4. la amistad: entre Roithamer y el narrador;
5. menciones literarias: a Schopenhauer y a Las afinidades electivas de Goethe y al Viaje sentimental de Laurence Sterne -leídas por Roithamer en la buhardilla de los Höller-. Fue cuando me dije, tengo que leer a Schopenhauer, y tengo que leer Las afinidades electivas de Goethe y El viaje sentimental de Laurence Sterne y por tanto el Tristram Shandy de Laurence Sterne y Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister de Goethe también.
Resumiendo:
Antes de comenzar la novela ha sucedido que:
- Roithamer se hospeda en la buhardilla del taxidermista Höller en el valle del Aurach en períodos de quince días para llevar a cabo el proyecto de la construcción del Cono en el bosque de Kobernauss;
- Roithamer consigue construir una carretera perfectamente asfaltada hasta el medio del bosque-obteniendo oscuros permisos y licencias en territorio estatal- y parece ser que también finaliza la construcción del Cono, o al menos lo lleva muy avanzado;
- la hermana de Roithamer a quien iba destinada la construcción muere;
- Roithamer se suicida meses después;
Ya al comienzo de la novela:
- el narrador llega a la buhardilla de los Höller para ordenar los papeles de su amigo Roithamer.
- el narrador explica más o menos , con circunloquios y repeticiones lo que he resumido someramente (de la página 9 a la 27).
Demonios, me dije, no sé si podré llevar a cabo este proyecto de "comentario en fases". Está claro que ¡debe ser realizado en la buhardilla de los Höller!

martes, 16 de agosto de 2011

El túnel, de Ernesto Sábato

Estamos ante la primera novela de Ernesto Sábato. Mi hermano pirlosky me dijo: no escribas unos comentarios tan largos, pon cualquier cosa y te lo quitas de en medio. Bien, te haré caso, le contesté.
Juan Pablo Castel es un pintor -parece que surrealista- que un día en una exposición de su obra observa cómo una mujer se queda pensativa frente a una ventana de uno de sus cuadros -una ventana a la que nadie le hace ni puñetero caso, no sé, no me pregunten cómo Castel advierte ese peculiar detalle observacional-. A partir de entonces Castel ideará variadas tentativas de encuentros con la desconocida -de la que se ha enamorado perdidamente, no sé, no me pregunten por qué, supongo que porque se fijó en uno de sus cuadros, la vanidad es así de caprichosa, aunque, verdaderamente, nunca he leído nada convincente acerca del cómo ni el porqué alguien se enamora, yo tengo mi propia teoría, pero es tan farragosa que ni yo mismo la entiendo-. Castel piensa que ella es la única persona del mundo que ha comprendido su obra -una obra que ni él mismo comprende, por cierto.
Publicada en 1948, el comienzo de El túnel -una metáfora del ensimismamiento metafísico del solitario- recuerda -anacrónicamente- a Crónica de una muerte anunciada de García Márquez (1981): " I. Basta decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso están en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona."
Estamos pues ante una historia de la que conocemos el trágico final.
Antes de enfrentarse con la sucesión de hechos que llevaron a matar a María Iribarne, Castel hace una especie de reflexión personal que nos revelan algunos capítulos de su particular personalidad.
1. Es un tipo poco sociable:
"Diré antes que nada, que detesto a los grupos, las sectas, las cofradías, los gremios y, en general, esos conjuntos de bichos que se reúnen por razones de profesión, de gusto o de manía semejante. Esos conglomerados tienen una cantidad de atributos grotescos: la repetición del tipo. la jerga, la vanidad de creerse superiores al resto."
Definitivamente aquí deducimos que Castel se siente tan superior como los miembros de esos grupos que detesta precisamente por su aire de superioridad -un galimatías superior-.
2. Alusión -¿humorística?- a la indefinición de quién está loco y quién cuerdo, que nos prepara para descubrir en Castel una mentalidad al borde de la insanidad.
"A algunos los conocía de nombre, como al doctor Goldenberg, que últimamente había tenido mucho renombre: a raíz de haber intentado curar a una mujer los metieron a los dos en el manicomio. Acababa de salir. Lo miré atentamente, pero no me pareció peor que los demás, hasta me pareció más calmo, tal vez como resultado del encierro. Me elogió los cuadros de tal manera que comprendí que los detestaba."
Me gusta de este párrafo la elección del nombre del doctor. Por un lado alude a la figura de Goldberg, el alumno para el que Bach escribiera sus célebres Variaciones Goldberg, si bien en la época de la escritura de la novela de Sábato aún no había grabado Glenn Gould su primera versión (de 1955, la segunda del 81) y que haría más popular esta obra bachiana. El nombre está disfrazado por el término golden, dorado, reivindicando cierta magnificiencia áurea de la música de Bach. Supongo que todos son suposiciones mías que nada tienen que ver con la realidad sabatiana.
El hecho de que intentar curar a un loco derive en la entrada en el manicomio de ambos -sanador e insano- satura de anormalidad el mundo real y el esquizoide, creando confusión entre las reglas que dictaminan las diferencias entre la cordura y la locura.
3. Este tipo odia a los críticos.
"LOS CRÍTICOS. Es una plaga que nunca pude entender. Si yo fuera un gran cirujano y un señor que nunca ha manejado un bisturí, ni es médico ni ha entablillado la pata de un gato, viniera a explicarme los errores de mi operación, ¿qué se pensaría? Lo mismo pasa con la pintura. Lo singular es que la gente no advierte que es lo mismo y aunque se ría de las pretensiones del crítico de cirugía, escucha con un increíble respeto a esos charlatanes. Se podría escuchar con cierto respeto los juicios de un crítico que alguna vez haya pintado, aunque más no fuera que telas mediocres. Pero aún en ese caso sería absurdo, pues ¿cómo puede encontrarse razonable que un pintor mediocre dé consejos a uno bueno?"
Aquí habría que hacer una serie de puntualizaciones:
3.1- el ejemplo del cirujano es bastante desacertado, primero porque la medicina no es un arte, y segundo porque la medicina conlleva un protocolo de actuación y es fácil identificar si ha existido un error.
3.2- En la pintura existe una materia indispensable a la hora de criticar a un artista que no es otra que la historia del arte. Yo puedo ser un gran pintor pero si no tengo conocimientos sobre la historia del arte no estaré facultado para elaborar una visión crítica de mi propia obra. Le pondría un contraejemplo a Sábato, ya que gusta de la demagogia. Yo soy incapaz de blanquear la fachada de la casa de mis padres pero si llega el pintor de turno y la pinta de cualquier manera, con chorreones, zonas de diferentes blancos, el jardín infestado de manchas de cal, etc... creo que podré criticar su trabajo, aunque yo fuera incapaz de hacerlo mejor. Me recuerda esto a la polémica de los foros de música. Yo digo: el último disco de Maiden es bastante flojito, y entonces me salta el fanático de turno: pues tú no lo harías mejor. Primero, usted no sabe si yo lo haría mejor o peor, en el supuesto de que contara con los medios de Maiden, segundo, yo no soy Iron Maiden ni he demostrado mi talento tal y como han hecho ellos en el pasado.
3.3- Es decir, para criticar la obra de un artista no hay que ser artista, se puede ser un gran artista y un malísimo crítico y un gran crítico y no tener ni idea de pintar.
3.4- los críticos no sólo son -lamentablemente- indispensables en el actual mundo del arte sino que en ocasiones son más importantes que los propios artistas  -Greenberg-, tan sólo hay que remitirse a El arte de la palabra de Thomas Wolfe para demostrarlo -si bien, y paradójicamente, el libro de Wolfe opera del mismo modo que él critica, debatiendo a partir de la palabra el dudoso talento de algunos artistas, léase igualmente "críticos"-.
Definición de la novela:
Supongo que lo más fácil es decir que es una novela existencialista -está inundada de recovecos melancólicos, sin salida, reflexivos, de oquedades, de sinsabores- pero también puede ser leída como una novela de terror psicológico, o de caso clínico.
La carta de Maria Iribarne. Recuerdos:
"Es curioso, pero vivir consiste en construir futuros recuerdos; ahora mismo, aquí frente al mar, sé que estoy preparando recuerdos minuciosos, que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza."
De ahí que la desmemoria opere menoscabando la entereza del ser humano. Aunque, si nos remitimos a cierta polémica entre dos personajes en Las voces de Ruidera de García Pavón -muy dado a las discusiones poliexistencialistas- redundaremos en la necesidad de ese borrado parcial -y si no que se lo pregunten a Funes el memorioso, de Borges-. Es ese proceso de dselección de recuerdos el que nos distancia de la realidad y nos prepara para acontecimientos futuros.
La belleza es triste.
"La tristeza fue aumentando gradualmente; quizá también a causa del rumor de las olas, que se hacía cada vez más perceptible. Cuando salimos del monte y apareció ante mis ojos el cielo de aquella costa, sentí que esa tristeza era ineludible, era la misma de siempre ante la belleza, o por lo menos ante cierto género de belleza."
Es una sensación extraña, la de la contemplación de la belleza, como cuando vemos ese Pinturicchio de la Pinacoteca Ambrosiana de Milán, o escuchamos esa Chacona de Georg Muffat. Estamos ahí, con cara de lelos, sin saber qué hacer con esa dimensión desconocida que acabamos de descubrir.

En general es un libro digno para ser una obra debutante, que bebe de la búsqueda del yo dostoievskiano, y que mantiene un planteamiento bastante original -si bien en ocasiones peca de ingenua-, pero que dista mucho de la obra posterior del argentino, más compleja e incatalogable.
Esta edición tiene además un extenso prólogo de Ángel Leiva que pretende desenmascarar la estética sabatiana, haciéndonos un verdadero lío ("... sin recurrir a la idea folletinesca y rosa de las novelas propias de la civilización y que nos divulgan, crea por momentos una superficie inexpugnable y sórdida que sólo puede ser  la equivalencia de ese tiempo al que nos encontramos enfrentando -sic, ¿enfrentado? y sic, en general todo el prólogo-").
Existen al menos dos versiones cinematográficas, una de León Klimovsky, de 1952, y otra de 1987, de Antonio Drove, con Jane Seymour, y Fernando Rey.

viernes, 5 de agosto de 2011

Memorias del subsuelo, de Fíodor Dostoievski


En esto que va Dostoievski y divide la novela -dicen que filosófica- en dos partes, a saber:
Primera parte: El subsuelo (11 capítulos).
Segunda parte: Sobre el aguanieve (10 capítulos).
En la primera parte leemos un monólogo (aquí se suele introducir la expresión monólogo interior, queda muy enigmático). Los temas del monólogo:
- la venganza;
- conversión en insecto -anecdótico pero significativo y visionario-: como símbolo de insignificancia o bien de ausencia de responsabilidad;
- el subsuselo: algo así como el subconsciente, plagado de "situaciones sin salida, deseos insatisfechos, fiebre de incertidumbres, decisiones tomadas para la eternidad"...
Yo veo el subsuelo como un sótano -nada metafórico, simbólico si se quiere pero totalmente físico-, es decir, un sótano donde se esconde el tipo y se aisla del exterior, del prójimo, y de su propio yo.
Autobiografía:
Hay en la primera parte una reflexión acerca de la naturaleza de las confesiones del escritor. En definitiva cualquier libro debería ser autobiográfico: Heine afirma que las autobiografías auténticas son algo como los imposibles, y que el hombre cuando habla de él miente siempre. Habría que recordar aquello que dijo Eco en una entrevista hace unos años sobre que la novela de ficción era más verdadera que cualquier hecho real ya que el hecho real estaba condicionado por la percepción del individuo y la obra de ficción era -aunque en la ficción- tal cual describía el autor. Es decir, que Dostoyevski puede falsear su realidad pero no puede falsear la realidad inventada.
Resulta fascinante cómo existe una conexión Dostoyevski-Borges a través de Heinrich Heine (magistral Memorias de Schnabelewopski, comentadas en mi blog de pintura con motivo de una entrada sobre Jan Steen jan-steen-en-memorias). En la entrevista de A fondo de 1976 Borges recita en alemán, a petición del entrevistador, unos versos de Heine, sin duda un autor admirado por él.
Como de cualquier forma estas Memorias del subsuelo son ¡unas memorias! el narrador concluye: "no quiero estar incómodo en la redacción de mis memorias. No quiero seguir ningún orden ni sistema. Escribiré según me vaya acordando..."
Y ahora pienso, quién decía recientemente que la biografía era el peor género de narración, o el menos sincero,...., ¡era Lem!, o el falso Lem... Y quiere hacernos creer que lo dijo alguien que escribió la brillante El castillo alto;
- la predestinación versus la voluntad humana: "la ciencia ha logrado anatomizar al hombre tan bien, que ahora ya sabemos que la voluntad y el llamado libre albedrío no son más que...", esta idea es muy abordada por los intelectuales, si alguien actúa de algún modo es porque está prefijado por su cultura, su pasado, su educación,..., y no tiene elección de actuar de otro modo. Los librepensadores dirán, pero podía haber actuado de otro modo. Pero no lo hizo, en realidad no podía haber actuado de otro modo, en definitiva. Como quiera que la realidad no es bivalente y no puede bifurcarse -como los senderos del jardín de Borges, o las infinitas variaciones de la novela de uno de sus personajes- no hay forma objetiva de refutar tal condición.
También leemos al respecto: "todos los quereres y razonamientos podrán ser perfectamente calculados", realmente me preguntaba si la palabra "quereres" podía existir y aquello me alejó algo del verdadero sentido de la idea de Dostoyevski, una idea que me recordaba a cuando Thomas Bernhard dijo algo así como "todo es repensado", una sentencia bastante desmoralizadora, porque ¿para qué estar todo el día ahí, pensando y pensando cosas, si al final todo lo ha pensado ya alguien antes? ¿Acaso el hecho de que fuera repensado daba más valor a aquello que era pensado, es decir, que lo pensado por segunda, tercera, o muchas más veces tenía más valor que esa misma cosa pensada la primera vez? ¿Acaso era como la dificultad de crear después de Bach? Porque claro, Bach fue un gran creador pero NO TENÍA a un Bach antes que él mientras que los demás compositores después de Bach sí tuvieron un Bach antes que ellos. Esto no tiene nada que ver, o al menos, poco que ver, si bien sí algo que ver, en definitiva todo tenía que ver con todo y nada tenía que ver con nada. Y sobre todo, decirle al bueno de Bernhard ¿fue él el primero en pensar que todo era repensado o era algo ya repensado también?
"Efectivamente podría calcular con antelación toda mi vida treinta años antes." Pero claro, y siguiendo con el razonamiento anterior bien podría pasar que alguien ya la hubiera pensado por mi, con lo que mi vida la podrían haber vivido otros muchos antes que yo, y en ese sentido, ¿cuánto me pertenecía realmente de mi propia vida? ¡Otra vez Lem! y sus vidas dirigidas, y Borges, y Heine, y las vidas inventadas de artistas de Beckford, y Borges otra vez, y Lem... 
Me gusta especialmente una frase en la que Fedor cuestiona -ridiculiza, teatraliza- las decisiones del ser humano: En el capítulo I. "Pero a pesar de todo me quedaré en San Petersburgo, ¡no abandonaré San Petersburgo! No o abandonaré porque... Eh, es exactamente igual que lo abandone o no." La intención de no abandonar San Petersburgo se torna ridícula cuando uno la repite una y otra vez, cualquier idea se convierte en ridícula cuando uno la repite muchas veces, la propia existencia, por supuesto, leer este libro, por ejemplo, pero no digo leer este libro una y otra vez sino LA IDEA de releer el libro, repetirse esa idea en la cabeza, hasta que pierde cualquier sentido, de alguna forma la repetición infaculta a la razón, la deja desprovista de cualquier significado coherente. Sin embargo no creo que esta incertidumbre sobre el hecho de quedarse o no en San Petersburgo tenga nada que ver con la repetición de la idea. Debe ser más bien acerca del arraigo del ser humano sobre su lugar de origen, un arraigo que los científicos no han conseguido -o no han querido- dilucidar. Hay tantas cosas que los investigadores no investigan, por ejemplo, los sueños, vale, Freud pasó horas pensando el tema pero ¿por qué soñamos, por qué nuestra mente es tan poderosa en el sueño y tan ineficaz en la vigilia, cómo sabe el cuerpo que debe "apagarse", por qué la autonomía del ser humano coincide fantasmalmente con la presencia diurna, no es raro esto?
En el capítulo 2 encuentro un tremendo guiño a la futura Metamorfosis de Kafka: "Solemnemente declaro que muchas veces he querido convertirme en un insecto. Pero ni siquiera se me ha concedido ese honor." Lo que más me gusta es que lo declara SOLEMNEMENTE, porque convertirse en un insecto -no especifica en cuál, yo me inclino por una cucaracha- es algo solemne -desde la ridiculez, por el tamaño y por su carácter rastrero y escurridizo-.
Para más tarde reincidir en el tema:
Capítulo IV Sobre el aguanieve: "Zverkov me contemplaba en silencio, como si yo fuera un insecto." Aún no se ha convertido intrínsecamente en un insecto pero al exterior puede presentarse como tal a los ojos del enemigo -sin conocer ese enemigo que es un devaneo personal del propio narrador, convertirse en un insecto: ¿nació de ahí la idea de La metamorfosis?-.
Encuentro una idea -ya mencionada arriba- que desarrollarán más adelante Stanislaw Lem y Jorge Luis Borges -otra vez, otra vez-, la de la predestinación -en forma de empresas vendedoras de oportunidades de Being, Inc., en el primero y de La lotería en Babilonia en el segundo-: Capítulo VII El subsuelo:" ... basta descubrir estas leyes de la naturaleza pasa que el hombre no sea responsable de sus actos y para que le resulte muy fácil vivir. Entonces cae por su propio peso que todos los actos humanos estarán matemáticamente calculados según estas leyes, se hará una especie de tabla de logaritmos, hasta el 108000, y se incluirán en los calendarios; o, mejor aún, se harán unas buenas publicaciones, al estilo de las actuales diccionarios enciclopédicos, en los que todo está calculado y establecido con tanta precisión, que ya no se darán en  el mundo ni acciones ni aventuras.
Actividad ¿cultural?
Cap. IX (al hombre) "Le gusta estar ocupado hasta alcanzar un fin, pero, una vez  que lo ha conseguido, no se siente feliz, y se entiende que esto es un hecho terriblemente cómico. Resumiendo, el hombre es muy raro; y todo esto,  como puede verse, es un rompecabezas."
¿Por qué estáis tan firme y solemnemente convencidos de que sólo lo normal y lo positivo, o sea, sólo  el bienestar sea ventajoso para el hombre? ¿No es posible que la razón induzca a error en relación con estas ventajas? ¿No podría suceder que al hombre no le guste sólo estar bien? ¿Que le guste tanto por lo menos el sufrimiento? ¿Que el estar mal le suponga tanta ventaja como el estar bien?"
Segunda parte.
Titulada "Sobre el aguanieve" nos imaginamos a Fedor caminando por el puente del zar Alejandro III sobre el río Neva.
Contradicciones.
Cap I: "estaba lleno de contradicciones. Así, a veces no me gustaba nada ir a la oficina, incluso muchas veces volvía a casa enfermo. Pero, de repente,  sin saber cómo ni por qué, empezbaa una fase de escepticismo e indiferencia (en mí todo era así, por fases), y yo mismo me reía de mi intolerancia y repulsa, y me autoinculpaba de romanticismo. Tan pronto me daba por hablar con nadie como me ponía no sólo a hablar, sino hasta bromear amistosamente con todos."
Las contradicciones al fin y al cabo van conformando la esencia de la persona. No creo que sea perjudicial aceptar las contradicciones -ni que existan, y no sólo en el transcurso del tiempo sino concidiendo en él, como dos caras de una misma persona-, porque en realidad esas contradicciones no son tales, y si investigamos en el profundo origen y procedimiento de cada una de ellas observaremos cómo no sólo no son contradicciones sino que además convergen inexorablemente en la dicción (el opuesto de contradicción, demonios).
La lectura.
Siempre es importante leer, hasta que deja de ser suficiente -¡eso nunca!-, o hasta que te hunde -¡con Bernhard,demonios!-.
"En casa, en primer lugar casi siempre estaba leyendo. Intentaba sofocar con impresiones externas todo lo que me bullía sin para dentro. Y las únicas impresiones externas que podía conseguir me venían de la lectura. La lectura, sin duda, me ayudaba mucho, me conmovía, me deleitaba y me atormentaba. Pero en algunos momentos me aburría mortalmente."
El aburrimiento era lo peor, pero en esos casos lo mejor era cambiar de libro, no era la lectura lo que aburría sino el libro que se estaba leyendo -o el estado anímico del individuo, o físico-, y cuando me aburría siempre recogía algún libro de Thomas Bernhard y enseguida el aburrimiento se disipaba en un halo de locura y prestidigitación.
Ideas brillantes.
A veces nos asaltan ideas tan brillantes que no reparamos en lo absurdo de su concepción: "Y de repente me vino una idea muy brillante "¿Y si -pensé-  cuando me cruzo con él, no me apartara? ". Pero vamos a ver, eso es como pensar ¿y si le partiera la cara a este compañero de trabajo? Traería consecuencias, extrañas consecuencias, incluso puede que fatídicas, ¡sobre todo para su cara!
"Aquella temeraria idea se fue apoderando poco a poco de mi hasta que no me dejaba en paz." El narrador está harto de apartarse siempre ante un oficial orgulloso y el día que decide no apartarse... entonces... todo se queda en una idea de rebeldía, una idea que sufrague la impotencia del ser humano ante la sociedad.
La infancia.
¿Romper o no romper con ella? La infancia suele oscilar en nuestro recuerdo entre lo onírico y lo irreal, y en esa etapa nacen la confusión de lo recordado, la manipulación incluso de esos recuerdos, la intangibilidad, la insoportable imposibilidad de corroborar esos recuerdos, de contrastarlos, hasta que al final se van diluyendo en una trama de escenas neblinosas o sucesos inútiles que se niegan a desaparecer. 
cap II. "Hubiera sido capaz de pedir mi traslado, con tal de no encontrarme con ellos y romper definitivamente con mi odiosa infancia. ¡Maldito el colegio y esos terribles años de presidio! En una palabra, rompí con mis compañeros nada más verme libre.  Sólo había dos otres con los que me saludaba cuando nos encontrábamos."
Al final la infancia termina por concentrarse en una falacia de años añorados y entrañables cuando la mayoría de las veces es de una infatigable insoportabilidad -muy parecido al mundo del adulto, por tanto...-.
Superioridad.
No sé por qué siempre creemos que somos superiores a los demás aunque sepamos que no lo somos.
"cap III. Entendían tan poco de las cosas más necesarias, les interesaban tan poco las cosas más interesantes, que involuntariamente empecé a considerarlos inferiores a mí." Claro, lo interesante es sólo lo que nos parece interesante a nosotros, jaja.
Pues parece que con El doble comparte estas Memorias del subsuelo algo más que las características de rareza del protagonista, también trabaja en una oficina, tampoco se habla con sus compañeros de colegio, de trabajo, ¡hasta su jefe se llama igual!: cap VIII. " Apelé a un medio heroico:  pedirle prestados hasta 15 rublos  a Anton Antonovich. Por un afortunado capricho éste se encontraba esa mañana de muy buen humor y me los dio nada más pedírselos." Lo heroico redunda en la bajeza entonces.
Escenas.
- La comida en el Hotel París.
Es la escena central de la novela. En ella el narrador se invita a una comida con antiguos compañeros. Allí vivirá un tira y aflojas desde el principio -retrasaron una hora la cita y no le avisaron- hasta conseguir que el protagonistas se retuerza sobre sí mismo, ofenda, pida perdón, desafíe a un duelo, ... tantas vueltas para no pagar. Me hubiera gustado escribir un comentario exclusivo de esta escena, escribir un libro si acaso, una reinterpretación, un bosquejo de tesis doctoral, hasta que pensé que era mucho mejor no hacerlo, mucho más fácil en definitiva. De modo que sólo mencionaré las escenas, que cada uno lea su propias Memorias del subsuelo.
- El encuentro con Lisa en la casa de citas.
- La visita de Lisa a casa del narrador.

Personajes.
Zverkov: el antiguo compañero de estudios homenajeado en su próxima partida.
Trudolyukov: ex-compañero de estudios.
Ferfichkin: igual que el anterior.
Simónov: igual,y único amigo que le queda al narrador.
Lisa: la prostituta de quien se enamora el protagonista.
El criado Apollon: con quien mantiene una simpática relación de odio-dependencia ("¡Lo mataré! -exclamé de pronto, soltando un puñetazo en la mesa con tanta fuerza, que saltó la tinta del tintero.")
Cartas.
En El doble las cartas jugaban un papel fundamental, en esta novela -anteriormente comentada por Kovalski- estas cartas eran transcritas tal cual. En este caso Dostoievski tan sólo menciona alguna de estas cartas pero sin hacerlas un personaje más com osí ocurría en El doble, por ejemplo a Simonov, disculpándose por su comportamiento en el Hotel París.
Cap. VIII. "Nada más llegar a casa, escribí a Simonov."
La relación con Simonov es muy interesante y es deudora de una mayor análisis -para el que no estoy preparado, por supuesto-. Tampoco aspira este comentario a más, es simplemente un comentario.
Conclusión.
Una novela fragmentaria (de 1864), con menos desarrollo narrativo que El doble (de 1846), en definitiva, una novela donde rezuma el gran talento de Dostoyevski y que al lector se le antoja inacabada -y quizás ahí radique su inocencia, su excelencia, su fascinante complejidad y su virtuosa modernidad-, y que de alguna forma supone un adelanto de lo que serán sus grandes obras maestras.

Nota: cualquier parecido entre esta reseña y la realidad del libro de Dostoyevski no es más que una coincidencia, así que no lo tengan en cuenta, por favor.